¿Cómo es que una mujer decide ser monja? ¿Existe un momento en especial en la vida en el cual decide ponerse el hábito? La Madre Olga María, fundadora de las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús, lo tuvo muy claro desde su infancia.
La mujer, nacida en Bilbao, España, tenía una familia común, no muy religiosa, pero donde sus padres la quisieron y le inculcaron valores. Ella fue bautizada y acudió a colegios religiosos.
Cómo descubrir la vocación religiosa desde la infancia
La Madre Olga María explicó al programa Ecclesia, es domingo, que durante sus primeros años, aceptaba las enseñanzas religiosas como cualquier niña. En el colegio recibió formación sobre Dios, la oración, la obediencia y la preparación para la primera comunión.
Sin embargo, ese sacramento tuvo un significado especial para ella. La religiosa recordó que le impresionaba la idea de recibir a Jesús y poder hablar con él directamente. Su principal duda consistía en saber si realmente Jesús la escuchaba cuando le hablaba después de comulgar.
A partir de ese momento, aseguró que nunca dejó de asistir a misa los domingos. También aclaró que no puede hablar de una conversión, porque nunca se alejó de la Iglesia para regresar después. “He ido creciendo, avanzando y peregrinando en la fe”, explicó.
El encuentro personal con la fe que marcó a la Madre Olga María
La certeza que marcó su vida llegó cuando tenía alrededor de 9 o 10 años. Durante una excursión a Loyola, visitó un lugar donde había un gran crucifijo.
La niña se colocó debajo de la base del crucifijo y levantó la mirada. Entonces, según relató, sintió algo que no pudo explicar, pero que le permitió comprender que las enseñanzas que había recibido eran verdaderas.
“Supe de verdad que lo que me contaban los curas y las monjas era verdad”, recordó la Madre Olga María. Después, les dijo: “Oye, que es verdad que Dios existe”.
La religiosa explicó que aquella certeza quedó grabada en su corazón y nunca desapareció. Desde entonces, mantuvo la seguridad de que Dios existía y permanecía cerca de las personas.
Del rechazo familiar a la aceptación: el camino hacia el convento
La Madre Olga María reconoció que al principio no quería convertirse en monja. Aunque desde los 14 o 15 años pensaba que debía entregar su vida a Dios, todavía no sabía de qué manera hacerlo.
También contó que su familia tuvo dificultades para comprender su decisión. Su madre pensaba que podía participar en actividades de la parroquia, pero consideraba que querer ser monja era llevar las cosas demasiado lejos.
La religiosa explicó que sus padres tenían prejuicios y temores sobre la vida consagrada. Finalmente, ingresó al convento a los 18 años, después de un proceso en el que también lloró y tuvo que aceptar la llamada que, según dijo, sentía en su interior.
Con el paso del tiempo, sus padres comenzaron a aceptar su decisión al verla feliz. La Madre Olga María sostuvo que la vida religiosa implica renuncias, pero afirmó que ha recibido mucho más de lo que dejó atrás. Para ella, convertirse en monja no representa una opción superior a la vida familiar, sino la vocación que considera que Dios diseñó para su vida.
