La devastación de la selva maya se ha consolidado como uno de los capítulos más controvertidos en la historia de la infraestructura moderna de nuestro país, en específico, los daños ambientales sobre el Tren Maya.
A través de una rigurosa investigación especial presentada por el periodista Hugo Vela para Azteca Noticias, especialistas y activistas ambientales revelaron las dimensiones del daño ecológico y financiero provocado por la construcción del Tren Maya, catalogado por expertos como la obra emblema de lo que no se debe hacer en la gestión pública.
La pérdida forestal supera ya los siete millones de árboles talados, transformando drásticamente el paisaje del sureste mexicano y dejando una huella de carbono cuyas consecuencias climáticas afectarán a las próximas generaciones.
El costo económico tampoco es menor, pues al erario público le ha significado una inversión superior a los 550 mil millones de pesos, restando recursos críticos a otros proyectos prioritarios de mitigación ambiental.
El saldo más destructivo se localiza bajo el suelo, donde se documentó la perforación de más de 130 cenotes sagrados y la inminente contaminación del acuífero subterráneo, la reserva de agua dulce más importante de la nación. Esta insostenibilidad financiera y ambiental continúa dominando los debates entre los ambientalistas.