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El desencanto con los gobiernos de izquierda populista cambia el rumbo político de América Latina

Analizamos el desgaste de la izquierda populista en América Latina, la concentración del poder y el impacto en las instituciones democráticas de la región.

En distintos países de América Latina, los ciudadanos han dejado de lado a la izquierda populista, después de que dicho modelo se presentó como el ideal para resolver todos los problemas, pero terminó concentrando las decisiones en una sola persona.

De la promesa social a la concentración del poder en la región

El patrón se repite en los países donde esta fórmula se ha radicalizado. Primero, los gobiernos desacreditan a las instituciones; después, modifican las reglas y debilitan los contrapesos. Con el paso del tiempo, el Poder Ejecutivo obtiene un control cada vez mayor sobre las estructuras del Estado.

Durante años, distintos líderes de izquierda utilizaron un discurso centrado en las necesidades de la población. En 1994, cuando todavía era candidato, Luiz Inácio Lula da Silva resumió su visión de progreso y modernidad con una declaración que vinculaba el desarrollo con el bienestar social.

“Para mí, progreso significa niños con zapatos en los pies; modernidad significa salud, educación y alimentación”, afirmó Lula da Silva.

Cómo se debilitan las instituciones democráticas en Latinoamérica

Sin embargo, en algunos países de la región, los gobiernos que llegaron con la promesa de transformar el sistema terminaron controlando las instituciones y limitando la competencia política. La concentración del poder avanzó mediante cambios en las reglas, modificaciones en la elección de jueces y debilitamiento de los mecanismos de control.

El proceso comienza con el descrédito de las instituciones. Posteriormente, los gobiernos impulsan cambios que alteran la forma de elegir jueces, reducen los contrapesos y fortalecen la autoridad del Ejecutivo.

El impacto del autoritarismo en Nicaragua, Venezuela y Cuba

En Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo han concentrado el poder político, judicial y electoral. El gobierno nicaragüense también ha cerrado el espacio para la competencia democrática. En una declaración, Ortega afirmó: “Aquí no volverán a haber elecciones”.

Venezuela también aparece como uno de los ejemplos de un régimen que durante décadas mantuvo una competencia democrática limitada y persiguió a la oposición. La ausencia de una competencia real dejó a amplios sectores de la población sin una vía efectiva para disputar el poder político.

El descontento ciudadano y el giro electoral en las urnas

En Cuba, el mismo régimen permanece durante décadas, mientras la población enfrenta una crisis y vive sin libertades. La falta de servicios básicos como el agua potable también refleja las dificultades que atraviesa la población.

En Bolivia, Evo Morales llegó a intentar superar los límites constitucionales para permanecer en el poder. Ese episodio se suma a los casos en los que los gobernantes buscan modificar las reglas con el objetivo de prolongar su permanencia.

El patrón resulta claro: un gobierno promete cambiar el sistema, llega al poder y después modifica las reglas para evitar perderlo. No obstante, el descontento comienza a reflejarse en las urnas.