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Reuters
11 septiembre, 2020
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¿Cubrebocas podría ser una especie de vacuna contra COVID-19? Especialistas lo explican

De forma muy parecida al funcionamiento de las vacunas, el contacto con una pequeña cantidad del virus provocaría una respuesta inmunitaria al mismo.

Aunque el mundo sigue esperando el descubrimiento de una cura contra la COVID-19, millones de personas ya podrían estar generando una especie de ‘vacuna’ que genera una respuesta inmunitaria ante el nuevo virus y esto podría ser usando el cubrebocas.

La teoría consiste en que al filtrar las gotas aéreas de coronavirus, a través del cubrebocas y con ello reducir la dosis de SARS-CoV-2 que una persona inhala, es mucho menos probable que las infecciones produzcan síntomas.

Se trata de una forma similar al funcionamiento de las vacunas, el contacto con una cantidad pequeña del virus desencadenaría una respuesta inmunitaria que respondería ante un nivel que no provoque una enfermedad grave.

“Si esta teoría se sostiene, el uso de máscaras en toda la población, cualquier tipo de máscara que aumente la aceptabilidad y el cumplimiento, podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones causadas por el SARS-CoV-2 que sean asintomáticas”.

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Lo anterior fue revelado por la doctora Monica Gandhi y el doctor George Rutherford en un comentario que se publicó el pasado 8 de septiembre en la revista New England Journal of Medicine.

Los autores del estudio, de la Universidad de California, en San Francisco, indicaron que existen evidencias de que las máscarillas podrían estar funcionando de esa forma y argumentaron que los estudios realizados con animales en los años 30 han confirmado la idea de una “dosis letal”, es decir, la cantidad de partículas virales necesaria para provocar una enfermedad grave.

Incluso informaron que estudios realizados con hámsters parecen mostrar que “unas dosis más altas de virus administrado condujeron a unas manifestaciones más graves de COVID-19", incluso cuando se protegió a los hámsters con máscaras simuladas, “fue menos probable que se infectaran, y si se infectaban, eran asintomáticos o tenían unos síntomas más leves que los hámsters sin máscaras”.

Por causas éticas no se han realizado ensayos similares con humanos, pero estudios poblacionales parecen respaldar la teoría de la “máscara como vacuna”.

Por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reportaron que para mediados de julio, alrededor de un 40 por ciento de las infecciones con el coronavirus eran asintomáticas, pero en áreas de Estados Unidos donde el uso de las máscaras era muy prevalente, esa cifra aumentó a un 80 por ciento.

En los brotes tempranos de las infecciones con el SARS-CoV-2, antes del uso generalizado de las máscaras faciales, la tasa de casos sin síntomas era de más o menos un 20 por ciento, explicaron Gandhi y Rutherford en su estudio.

A pesar de su teoría, los expertos advierten que las máscaras no deben considerarse, de ninguna manera, un sustituto de una vacuna segura y efectiva.

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