El escándalo de corrupción y la renuncia de Guadalupe Taddei en el INE son un golpe de realidad para toda la sociedad mexicana. Ya no podemos seguir como espectadores de este desastre, tenemos que exigir que el INE recupere su verdadera esencia: que vuelva a ser un organismo 100% autónomo y 100% ciudadano.
Todo este cochinero nos encamina a un escenario aterrador e incierto rumbo a las elecciones de 2027. Morena destruyó los contrapesos institucionales, le entregó el INE a sus incondicionales y, ahora que la corrupción ya no se puede esconder debajo de la alfombra, busca desconocer las consecuencias de sus propios actos.
Lo que está en juego en el INE no son solo las próximas elecciones, es el resguardo de nuestra propia identidad. En las bases de datos del instituto se encuentra la información de más de 100 millones de mexicanos: nuestros nombres, domicilios, fotografías, firmas y huellas dactilares.
Entregarle nuestros datos a funcionarios señalados por corrupción pone en riesgo la seguridad de la ciudadanía. Y es ahí cuando debemos alzar la voz. No podemos permitir que utilicen el relevo en la presidencia para colocar a otro afín a sus intereses y que continúe con la misma destrucción del INE. Porque el órgano electoral no le pertenece a un partido político, nos pertenece a los ciudadanos.