La reciente captura de Nicolás Maduro marca el fin de una era, pero también obliga a mirar por el retrovisor para entender la magnitud del daño. Hace nueve años, en 2017, el periodista Roberto Ruiz recorrió las calles de Venezuela y la frontera en Cúcuta. Lo que encontró entonces fue una radiografía del colapso: escasez, hambruna y desilusión. Hoy, en 2026, esas crónicas no suenan a pasado, sino a la condena que el país ha seguido soportando.
La caída del dictador llega después de que millones de historias se repitieran en un bucle interminable de miseria, tal como lo documentó Ruiz en aquel entonces.
La misma historia, nueve años después… NADA CAMBIA
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) January 7, 2026
En #Venezuela, la escasez y la desilusión no han cambiado. @roberto_ruizg lo vio en 2017 y hoy, las calles siguen reflejando la misma tragedia: hambre, abandono y resistencia.
Un país atrapado en la crisis.
La historia en… pic.twitter.com/j4DlEUyNaR
La vida en una fila: 9 horas para sobrevivir
En su reporte de 2017, Roberto Ruiz cronometraba el costo de vivir en el socialismo del siglo XXI. No se pagaba con bolívares, se pagaba con tiempo de vida:
“Imaginemos un escenario en el que tendríamos que perder cuatro horas tratando de realizar un movimiento bancario, tres horas en cargar gasolina y otras dos intentando obtener un kilogramo de harina... Esas nueve horas diarias en tan solo tres servicios es la realidad de Venezuela”, narraba el periodista.
Esa matemática del desastre se convirtió en la rutina de una generación. El “carro 116" en la fila de la gasolina, que esperaba “dos horitas” con suerte, fue el reflejo de un país que terminó paralizado por falta de combustible en una nación petrolera.
“Un kilo no sirve para nada": La hambruna de los venezolanos
La hambruna que hoy es expediente en la Corte Penal Internacional, ya tenía rostro en 2017. Ruiz entrevistó a Daisy, una niña formada en una fila kilométrica solo para ver si alcanzaba a comprar harina.
“Somos siete en mi casa... un kilo no sirve para nada”, confesaba con resignación. Esa escena, donde la gente esperaba bajo el sol por la posibilidad de comer, evolucionó a las imágenes más crueles descritas en la nota: “Uno ve a gente comiendo de la basura”. La crisis humanitaria no fue un accidente de 2026, fue una construcción sistemática que llevaba años operando cuando Ruiz la documentó.
El voto más caro de la historia
Otro de los testimonios más dolorosos rescatados de esa cobertura fue el de la juventud robada. Un joven confesaba ante las cámaras de Ruiz el arrepentimiento de haber creído en el proyecto chavista:
“Yo voté con mucha esperanza, pero nunca jamás llegué a pensar que ese voto me iba a salir tan caro... Uno es joven y pierde tantas cosas. No puedes comprar una camisa, un par de zapatos”. Las maletas que Ruiz vio cruzando la frontera en 2017 no se detuvieron; se multiplicaron por millones.
2026: La esperanza de volver tras captura de Maduro
Hoy, con Maduro detenido , resuena con fuerza la frase final de aquella crónica de hace casi una década. A pesar del hambre, de las farmacias con “70% de fallas en medicamentos” y de la miseria, el venezolano mantenía una promesa:
“Estoy seguro de que alguna vez regresaré a Venezuela porque, para mí, es el mejor país del mundo con todo y lo que está pasando”. La captura del dictador cierra el ciclo de la destrucción que Roberto Ruiz atestiguó en 2017. Ahora, comienza el tiempo de que esas maletas regresen y de que las filas sean, por fin, para reconstruir y no solo para sobrevivir.