Después de la muerte de su marido, Fabiola tiene que buscar la forma de sacar a su familia adelante. Ella tiene que ser la proveedora de la casa, así que toma un trabajo con electricista, un oficio que siempre le ha gustado y que aprendió de su padre. Desafortunadamente sus compañeros la menosprecian, sienten que tienen el derecho de hacerle burla y discriminarla por ser mujer en un trabajo de hombres. Fabiola lucha por hacer lo correcto en un ambiente hostil y así ayudar a que las diferencias sean aplaudidas en vez de ser una fuente de discriminación.