Seguramente durante años has utilizado la expresión “¡aguas!” para advertir a alguien sobre algún peligro, un descuido o una situación que puede tornarse caótica. La usamos casi de manera automática en la vida diaria, pero ¿alguna vez te has preguntado de dónde proviene esta curiosa palabra o cuál fue el origen de su nacimiento?
Si es así, llegaste al lugar correcto, si bien hoy en día forma parte de la jerga cotidiana en México y otros países, esta divertida expresión tiene un origen muy particular que se remonta a la época de la Colonia en México, y la razón seguramente te sorprenderá.
En aquellos años, el sistema de drenaje no funcionaba como lo conocemos actualmente. De hecho, solo la corona española contaba con un sistema adecuado para el desecho de aguas residuales. La mayoría de los ciudadanos, en su vida diaria, no tenían otra opción más que recolectar el agua con la que lavaban los trastes e incluso aquella que provenía de sus necesidades fisiológicas.
Una vez reunida, esta agua era arrojada directamente desde balcones o ventanas hacia la calle, con la esperanza de que el sol se encargará de secarla. Como podrás imaginar, esta práctica representaba un gran riesgo para los transeúntes que caminaban desprevenidos por las calles.
Para evitar que el líquido cayera sobre alguna persona, quienes estaban a punto de lanzar el contenido gritaban “¡aguas!” como advertencia, alertando que algo estaba a punto de caer. De esta manera, la palabra se convirtió en una señal de precaución inmediata.
Con el paso del tiempo, el uso de “aguas” fue evolucionando y adaptándose, hasta convertirse en una expresión común para advertir sobre cualquier tipo de peligro, no solo relacionado con líquidos. Hoy la usamos para alertar sobre un tropiezo, una situación riesgosa o incluso una posible equivocación.