Sin duda, Jo Ji Ah ha vivido momentos en los que fingir ser un robot se vuelve una tarea casi imposible. AG-3 está repleta de miles de circuitos que se conectan entre sí, pero la verdadera esencia de nuestra impostora favorita es su alma caótica y brillante, esa que a veces la lleva a comportarse de la manera más humana que uno podría imaginar. Su corazón late como el de cualquier ser, mientras sus circuitos intentan seguir el ritmo.