En el sur de la CDMX, específicamente en la llamada Zona de Hospitales de Tlalpan, el amanecer llega acompañado de temperaturas heladas y una realidad social crítica. Aquí se congrega el núcleo de salud más importante del país, pero también un campamento involuntario de miles de familias que pagan el “costo invisible” de la salud pública.
Fuerza Informativa Azteca (FIA) se dirigió al sitio para documentar cómo entre 30 mil y 50 mil personas transitan diariamente por esta zona. Muchas de ellas provienen de estados como Hidalgo o el Estado de México y, al no tener recursos para hospedaje, convierten las banquetas de urgencias en su dormitorio.
El costo del traslado y los insumos en Hospitales de Tlalpan
Para pacientes como María Luisa Pérez, quien viaja desde Hidalgo al Instituto Nacional de Cancerología, la logística es extenuante. Una visita médica implica al menos tres citas previas y 24 horas fuera de casa sin un lugar digno donde descansar.
“Me quedé en la noche... no tengo dónde quedarme, no tengo dinero. Hace mucho frío y está lejos”, relata María Luisa.

Además del desgaste físico, el golpe económico es inmediato. Guadalupe Alcántara, proveniente de Temoaya, Estado de México, llega en ambulancia a las 6:00 AM. Su testimonio exhibe que la gratuidad de la consulta no cubre los materiales necesarios.
En una sola visita, Guadalupe tuvo que desembolsar cerca de 2 mil pesos en férulas, antisépticos y vendas porque el hospital no contaba con abasto suficiente.
“Es un desgaste físico y emocional terrible. Toda esta semana no he trabajado”, explica la madre de familia.
Comedores comunitarios: Alta demanda y escasez
La crisis económica obliga a los familiares a depender de la asistencia social. Frente al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino, el Comedor Caravana de la Ciudad de México ofrece alimentos, pero la demanda supera los recursos básicos.
Jorge Estrada, esposo de una paciente, señaló una carencia básica que ilustra la precariedad: la falta de utensilios desechables.
“Tenía que regresar la cuchara para que otro comiera... pedimos que si la gente tiene, regale unicel o cucharas, para que no tengan que usar una misma cuchara no sé cuántas gentes”, solicitó Jorge, quien actualmente pernocta en un albergue cercano ante el agotamiento de sus ahorros.
La situación en Tlalpan evidencia que, para miles de mexicanos, el acceso a la salud de alta especialidad implica una fractura financiera y el sacrificio de dormir a la intemperie en la capital del país.