Ir a la escuela debería ser un derecho seguro, pero en Guerrero se ha transformado en una actividad de alto riesgo. Estudiantes cuya única tarea era ir a las aulas a aprender, hoy viven con miedo, ansiedad e incertidumbre. El motivo es alarmante: en Acapulco ya se cobra “derecho de piso” para poder estudiar, una realidad impuesta por el crimen organizado ante un gobierno que no logra garantizar la seguridad de los menores ni de los docentes.
La docencia en las zonas rojas de Acapulco y Coyuca de Benítez pende de un hilo, y los testimonios de quienes viven este terror diario revelan cómo las aulas se están vaciando por el miedo.
La amenaza: “Pagar o quemar la escuela”
El nivel de violencia llegó a un punto crítico cuando una escuela en Acapulco tuvo que cerrar sus puertas de manera definitiva durante seis meses. El crimen organizado lanzó una advertencia clara: amenazaron con quemar las instalaciones si no se pagaba el llamado “derecho de piso”, obligando a que las clases se impartieran únicamente a distancia.
“Se empezó a hablar de que habían pedido derecho de piso a la escuela... cuando ya todos los padres empezaron a conocer todo lo que había sucedido, empezaron a sacar a sus hijos de la escuela... varios maestros se fueron”, relató de forma anónima una profesora de kínder y primaria que labora en una zona roja del puerto.
Deserción por violencia: Meses sin clases en Acapulco
Esta situación ha posicionado a Guerrero como uno de los estados con mayor índice de deserción escolar a causa de la violencia. Tan solo en el ciclo pasado, se perdieron más de 20 días de clases por este tipo de incidentes.
Irving Hernández, director de la primaria Antonio Abarca, detalla la gravedad de operar bajo extorsión en comparación con otros delitos: “Cuando son testigos de una balacera, quizá el tiempo es muy reducido, puede ser cuestión de uno o dos días, pero ya cuando hay una situación más grave, como puede ser extorsión, ya no es de días, de semanas, incluso hasta meses”.
El impacto psicológico es directo. La docente anónima señala que los niños “demuestran el temor, el miedo y no entienden qué es lo que está pasando”, mientras que los padres viven con el terror de que en el transcurso del domicilio a la escuela pueda suceder una tragedia.
Policías temporales y abandono por violencia en Acapulco
Para intentar proteger a los niños y familiares, el gobierno estatal envía policías a vigilar la entrada y salida de clases. Sin embargo, en la práctica, esto ocurre temporalmente. Vecinos de la zona confirman que los rondines son irregulares: “A veces (están), pues no siempre”.
Para los maestros, esta medida no representa una verdadera garantía de vida. “Si realmente no tenía mucha influencia para poder decir que ya estábamos seguros... ¿A dónde vamos, qué hace la autoridad? Cuando salgo de mi casa, me doy la bendición, me pongo en manos de Dios”, concluyó la profesora.