En el caos perfectamente organizado del Centro Histórico de la Ciudad de México hay calles que tienen una identidad propia. Algunas huelen a comida, otras a telas o electrónicos. Pero hay una que literalmente deslumbra desde que uno pone un pie en ella: Victoria, conocida entre comerciantes y clientes como “la calle de la luz”.
Apenas se llega a la esquina, el paisaje cambia. Decenas de lámparas cuelgan sobre las banquetas, candiles enormes decoran aparadores y focos de todos los tamaños convierten el recorrido en un espectáculo visual permanente. No importa hacia dónde mire el visitante, siempre habrá algo encendido.
La vocación de esta calle parece clara desde hace décadas: iluminar hogares, negocios, hoteles, restaurantes e incluso templos religiosos en todo México.
La calle Victoria se convirtió en la gran central de iluminación
Quienes conocen el Centro ya saben que en Victoria se consigue prácticamente cualquier cosa relacionada con iluminación. Desde plafones modernos con control remoto hasta enormes candiles clásicos que parecen sacados de una mansión antigua.
Los comerciantes aseguran que clientes de distintas partes del país llegan específicamente a esta zona por los precios y la variedad. Hay compradores que vienen desde Veracruz, Puebla o el Estado de México buscando piezas difíciles de encontrar en otros lugares.
En cada local la competencia es evidente, pero también existe una especie de especialización colectiva. Mientras algunos negocios venden lámparas decorativas, otros ofrecen equipo industrial, ferretería eléctrica o accesorios para hoteles y restaurantes.
Incluso los microempresarios que llegaron recientemente reconocen que la zona mantiene una dinámica única. A pesar de los aumentos en costos, aranceles y complicaciones económicas, muchos siguen apostando por abrir negocios aquí.
Los talleres ocultos guardan verdaderas joyas del pasado
Detrás de varios locales existe otro mundo menos visible para los clientes apresurados. Pasillos estrechos llevan a talleres donde artesanos restauran lámparas antiguas, reparan candiles y reconstruyen piezas prácticamente desaparecidas del mercado.
Algunos trabajadores llevan más de 40 años dedicados al oficio y aseguran que el conocimiento no se aprende en escuelas, sino trabajando día tras día entre vidrio, metal y cableado.
Ahí sobreviven modelos clásicos que alguna vez dominaron las casas mexicanas, como los candiles tipo “María Teresa”, además de piezas descontinuadas que hoy se consideran auténticos tesoros decorativos.
Los comerciantes cuentan que muchos clientes llegan buscando precisamente eso: lámparas antiguas imposibles de encontrar en tiendas modernas.
Una tradición de más de medio siglo que enfrenta nuevos problemas
Aunque no existe una fecha exacta sobre el nacimiento comercial de la calle Victoria, vendedores veteranos calculan que la especialización en iluminación tiene cerca de 60 años.
Algunos negocios incluso celebran ya más de cuatro décadas abiertos. Sin embargo, quienes llevan más tiempo en la zona reconocen que las épocas doradas quedaron atrás.
La caída de clientes, el crecimiento del comercio ambulante y las constantes manifestaciones en el Centro Histórico han afectado las ventas de muchos establecimientos.
Aun así, Victoria sigue resistiendo. Entre luces blancas, tonos cálidos, lámparas gigantes y talleres escondidos, esta calle conserva una identidad que pocas zonas comerciales de la Ciudad de México pueden presumir.
Porque en medio del ruido, los cables y los pasillos interminables del Centro, Victoria sigue brillando como el pequeño París eléctrico de la capital.