Jeshua Cisneros Lechuga tenía 18 años y toda una vida por delante. El pasado 13 de noviembre, estaba a solo 10 minutos de llegar a la seguridad de su hogar en Cuautitlán Izcalli, pero nunca cruzó la puerta. Hoy, a más de dos meses de su ausencia , su familia no solo enfrenta el dolor de la incertidumbre, sino la frialdad de un sistema que los ha dejado solos en la búsqueda.
“Yo no quería ser mamá buscadora, yo quería estar en casa con mi hijo... porque no nada más es mi hijo, es mi compañero, es mi cómplice… Y me arrancaron todo”, lamenta Karla Lechuga, madre del joven.
El “Buen Fin” de la impunidad
La tragedia de la familia Cisneros Lechuga exhibe las fallas estructurales de las instituciones mexicanas . Cuando intentaron denunciar la desaparición inmediata de Joshua, se toparon con una burocracia paralizada por el calendario. En el municipio, el área encargada de buscar personas desaparecidas no labora en fines de semana ni días festivos.
“Mi hijo desaparece justamente cuando se atraviesa el Puente del Buen Fin”, explicó la madre. Esos días perdidos fueron cruciales. Ante el vacío de autoridad, los padres tuvieron que convertirse en investigadores. Tocaron puertas de empresas, solicitaron videos vecinales y recorrieron palmo a palmo el último trayecto de su hijo sobre la Autopista México-Querétaro.
Birmex y las cámaras “inservibles”
La investigación familiar los llevó a un punto clave: el corredor industrial donde se ubica la sede de Birmex (la Megafarmacia del Bienestar), una instalación estratégica de seguridad nacional. Sin embargo, la respuesta que obtuvieron de la paraestatal fue, en palabras de Luis Cisneros, padre de Joshua, “ilógica y tonta”. La institución alegó que sus cámaras de seguridad no sirven desde hace seis meses, dejando un punto ciego inexplicable en una zona federal .
La sombra de la policía
Lo que la familia ha logrado documentar por su cuenta apunta a una hipótesis aterradora: la posible participación de agentes del estado. Gracias a videos proporcionados por particulares (como la empresa BD), reconstruyeron los últimos momentos:
“Se ve donde Joshua pasa caminando... vemos en esta parte cómo pasan patrullas... pero Joshua ya no sale”, detalló el padre.
Hoy, la familia lucha contra dos frentes: la desaparición física de Joshua y la narrativa oficial, que a menudo clasifica estos casos como “ausencias voluntarias” para minimizar la crisis. Para Karla Lechuga, la realidad es innegable y dolorosa: "¿En qué país vivimos? Mi hijo no se fue. A mi hijo se lo llevaron”.
Mientras la autoridad omisa calla, ellos siguen buscando, resistiendo a la revictimización y recordando que, en México, si no hay cuerpo, el sistema apuesta a que no hay delito.