Jorge Alejandro Lozada Campos salió de Cuba con un solo objetivo: escapar del régimen y reencontrarse con su novia e hija en Estados Unidos . Sin embargo, su camino hacia la libertad se vio truncado en territorio mexicano, donde desapareció sin dejar rastro, sumando a su familia a la larga lista de víctimas de una crisis humanitaria que desangra a ambos países.
Hoy, su madre, Alicia Santos, vive una pesadilla a la distancia. La dictadura cubana la tiene atada a la miseria, impidiéndole cruzar fronteras para buscar a su hijo de 24 años.
De acuerdo con el relato familiar, la tragedia comenzó el pasado 21 de diciembre de 2024. Jorge Alejandro se encontraba en la zona costera de San José El Hueyate, en Chiapas, listo para abordar una embarcación junto con otros migrantes —entre ellos una joven llamada Lorena— con la intención de avanzar hacia Oaxaca y seguir su ruta al norte.
Alicia recuerda con dolor la última videollamada:
“Me dijo: ‘Mamá, Lorena y yo vamos a salir ahora en esta lancha... Dentro de 6 u 8 horas te llamo, no me llames, yo te voy a contactar’. Fue la última vez que hablé con mi hijo”. La lancha zarpó, pero esa llamada prometida nunca llegó.
En Cuba, la tragedia obligó a Alicia a convertirse en lo que México conoce dolorosamente bien: una madre buscadora . Pero su lucha es desigual. Ella no rastrea en parajes ni fosas; investiga desde un país donde la falta de libertades y la carencia de servicios básicos, como luz e internet, le cierran todas las puertas.
Alicia no busca con pico y pala, sino entre llamadas ignoradas y expedientes estancados, imposibilitada para viajar:
“No tenemos el sustento económico para poder ir hasta México a buscar a nuestros hijos. El tema del visado, los temas burocráticos... necesitamos autorizaciones para poder movernos hasta allá", lamenta.
A más de un año de la desaparición, el caso no avanza. “Hasta hoy realmente no se ha dicho nada de la búsqueda de nuestros hijos”, denuncia Alicia, quien se ha convertido en una doble víctima: primero, del régimen de Miguel Díaz-Canel, que expulsó a su hijo por falta de futuro, y segundo, de la imparable crisis de desapariciones en México.
Jorge Alejandro no se “perdió"; desapareció intentando huir de un sistema opresor, solo para caer en un país gobernado por una corriente política similar, donde la cifra negra de migrantes desaparecidos alcanza niveles alarmantes y donde las respuestas de la autoridad simplemente no llegan.