A pesar de las movilizaciones que recientemente pusieron en el centro de la atención pública a la Generación Z , una gran cantidad de jóvenes en el país continúa enfrentando un panorama donde sus demandas básicas carecen de respuesta.
La realidad para millones de ellos se traduce en la interrupción de su formación académica con el único fin de incorporarse al mercado laboral para garantizar su subsistencia diaria. Esta problemática se agrava al observar que el sistema educativo no logra retener a los estudiantes frente a las urgencias económicas.
La Generación Z enfrenta desempleo y abandono escolar debido a crisis económicas severas
Casos particulares como el de José María, quien a sus 19 años se desempeña como asistente en una taquería, ejemplifican esta tendencia. Él inició su trayectoria laboral a los quince años impulsado exclusivamente por la carencia.
De manera similar, Valentín Flores, de 18 años y empleado en una tienda de autoservicio, relata que múltiples complicaciones financieras lo obligaron a abandonar sus estudios. Según su testimonio, los apoyos económicos escolares que recibía trimestralmente resultaron insuficientes para cubrir los gastos necesarios para permanecer en las aulas.
La precariedad no solo afecta a quienes inician, sino también a jóvenes con oficios diversos. Un músico de veinticuatro años describe una situación de vulnerabilidad extrema, percibiendo ingresos que apenas alcanzan el salario mínimo, lo que lo obliga a vivir al día para solventar sus necesidades inmediatas.
El 49% de jóvenes entre 16 y 21 años ha desertado del sistema educativo
Este sector de la población ha sentido de manera directa el incremento en el costo de productos esenciales como la tortilla y el huevo, dificultando aún más su economía personal. Además, existe una percepción creciente de que el nivel de estudios no garantiza necesariamente una remuneración justa en el mercado actual.
De acuerdo con cifras de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno, en México existen once millones de personas de entre 15 y 29 años cuyos ingresos se encuentran por debajo del umbral de la pobreza.
Dentro de este universo de más de treinta y tres millones de integrantes de la Generación Z, diez millones poseen empleos considerados precarios. Paulina Gutiérrez, representante de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, define estos puestos como aquellos donde el sueldo es insuficiente para costear dos canastas básicas y donde se carece por completo de seguridad social o derechos laborales básicos.
Demandan más oportunidades y apoyo gubernamental ante su precaria situación laboral
El análisis de la citada organización revela una estadística alarmante: el cuarenta y nueve por ciento de la población joven de entre 16 y 21 años ha desertado del sistema escolar.
Ante este escenario, las voces de los afectados claman por una mayor apertura de oportunidades y un respaldo más sólido por parte de las instancias gubernamentales. Sin embargo, entre los mismos jóvenes también prevalece un sentido de realismo crítico, advirtiendo que la espera pasiva de soluciones externas podría derivar en el desperdicio de sus años de vida más productivos.