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El pimiento morrón de Jalisco: Un motor de empleo y calidad que conquista el mercado extranjero

Conoce la labor de tensado y cosecha del pimiento morrón en invernaderos de Jalisco. Una industria que enfrenta falta de subsidios pero mantiene su orgullo nacional.

La producción del pimiento morrón representa uno de los pilares más importantes para la economía agrícola de Jalisco, siendo un producto con una proyección internacional sumamente alta.

Detrás de cada ejemplar que llega a las mesas extranjeras existe una trayectoria de sacrificio y dedicación por parte de los jornaleros mexicanos. En localidades como Etzatlán, la actividad comienza desde la madrugada con el traslado del personal. Se sabe que algunos empleados inician su rutina a las 06:00 para recoger a grupos de 15 o 16 personas y trasladarlos a las zonas de cultivo en Ahualulco.

Al arribar a las instalaciones, los trabajadores deben registrar su entrada para cumplir con un horario laboral que se extiende de las 07:00 a las 15:00. Tras superar los filtros de inocuidad, cada integrante del equipo toma su herramienta y carrito para comenzar las tareas asignadas.

Una de las labores fundamentales en estas naves industriales es el tensado, una técnica manual que se realiza 2 veces por temporada. Este procedimiento consiste en estirar un lazo para que la planta, que puede alcanzar una altura de 4 metros, se mantenga erguida y permita el paso de los vehículos utilizados para la recolección.

Calidad de exportación y el arte de la mano de obra mexicana

A diferencia de otras naciones que dependen de procesos automatizados, en los invernaderos de Jalisco predomina el trabajo artesanal de la mano de obra local. Además del tensado, los surcos se mantienen impecables mediante el proceso de clareo o limpieza.

Esta labor consiste en retirar los frutos que no cumplen con los estándares estéticos, dejando únicamente los ejemplares más óptimos para asegurar un producto de alta gama. Muchas trabajadoras prefieren el entorno del invernadero debido a que ofrece una estabilidad laboral constante en comparación con el campo abierto.

La cosecha abarca variedades de cuatro colores distintos: verde, naranja, amarillo y rojo. El proceso de selección es sumamente estricto, especialmente para el mercado estadounidense; por ejemplo, se utiliza una escala donde un fruto totalmente rojo alcanza un valor de 100, mientras que otros se clasifican en 1.85 según su tonalidad.

Durante la jornada de recolección, los supervisores utilizan zancos para vigilar las hileras con mayor agilidad, etiquetando las variedades y controlando la calidad antes de que el cargamento sea enviado al área de empaque para su posterior exportación a los Estados Unidos.

El desafío de los pequeños productores ante el mercado

No obstante, el éxito del pimiento transnacional convive con la realidad de los pequeños productores, quienes enfrentan un panorama complejo. Para estos agricultores, la actividad representa una lucha diaria contra la volatilidad de los precios y una ausencia total de subsidios gubernamentales.

A pesar de encontrarse en una situación de abandono institucional, estos productores mantienen invernaderos de menor extensión pero con los mismos estándares de calidad que las grandes empresas.

Para quienes trabajan la tierra desde los 18 años, el cultivo de este chile que no pica es el sustento primordial de sus familias. Aunque se enfrentan a riesgos económicos constantes y a la competencia de mercados internacionales, no se dan por vencidos.

La producción del pimiento en Jalisco sigue siendo una fuente de trabajo digna que demuestra la resiliencia del campo mexicano, donde a veces se logran tensar hasta 40 surcos en una jornada para sacar adelante a las nuevas generaciones.

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