Con la reciente entrega del Paquete Económico 2027 bien nos podemos preguntar ¿a dónde se va nuestro dinero?, ¿cómo afecta directamente a nuestros bolsillos más allá de lo macro?, pues pese a que todos los días vemos que la infraestructura del país no está en su mejor momento, parece ser que no es prioridad, por lo menos en esta entrega.
¿Qué estamos pagando con nuestro dinero?
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), muestra que la situación es alarmante porque el costo financiero de la deuda se estima en 4.0% del PIB. Esto significa que los puros intereses que genera pedir prestado superan a todo el dinero destinado a la construcción de infraestructura y obras públicas (la cual proyecta una inversión de apenas 2.9% del PIB, un recorte del 10.7% respecto al Gasto Neto Total).
Dicho en palabras simples: le pagamos más al dinero prestado que a levantar banquetas, pavimentar calles, equipar hospitales o construir las escuelas que México urge.
Una deuda que hipoteca el futuro de México
El verdadero problema estructural, de acuerdo con lo señalado por el CIEP es sobre cómo se va está hipotecando el futuro con los compromisos financieros y es que pese a los esfuerzos gubernamentales por reducir el déficit, la deuda pública alcanzará el 55.0% del PIB en 2027, lo que representa un aumento de 3.6 puntos porcentuales respecto a lo aprobado en 2026, es decir, una escalada de la deuda total.
De seguir así, la deuda pública puede escalar hasta el 56.5% del PIB, manteniendo un costo financiero estimado de 3.7% del PIB para 2032. Es como si una persona solo estuviera pagando los puros intereses de sus tarjetas de crédito y que año con año se queda sin dinero para arreglar goteras, comprar productos que necesite para trabajar o atender emergencias en la casa.
El gobierno decide apostar todo a pagar el gasto actual, pero a costa de dejar sin dinero las obras, el mantenimiento y la energía que el país necesitará mañana, heredando una deuda que seguirá pesando sobre las próximas generaciones.
