Ante la llegada del huracán “Polo” a Baja California Sur, suele llamar la atención que septiembre y octubre sean los meses más críticos de la temporada de huracanes en México.
Lo cierto es que no existe una sola explicación, pues varios factores se combinan para que algunos de los ciclones tropicales más fuertes se formen frente a costas mexicanas durante este periodo.
¿Por qué septiembre es un mes tan activo para los huracanes?
Datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) muestran que entre 1971 y 2020 se registraron 270 ciclones tropicales que impactaron algún punto de México.
De ellos, 99 ocurrieron en septiembre, mientras que 69 se registraron en octubre, siendo los meses que en conjunto, concentraron 62.3% de los impactos.
Esto se debe principalmente por el calentamiento de las aguas tropicales, que en verano comienzan a registrar actividad, generando el combustible necesario para la formación de ciclones tropicales.
Cabe recordar que los ciclones obtienen buena parte de su energía del calor disponible en el océano. Cuando una perturbación encuentra agua cálida y suficiente humedad, puede favorecer que el sistema se intensifique hasta llegar a ser un huracán poderoso.
Agua caliente y humedad: el cóctel para formarse un huracán
Para que una tormenta tropical se fortalezca no basta con que el océano esté caliente, ya que también dependen mucho de la humedad disponible en la atmósfera.
Durante el verano y el inicio del otoño, las regiones tropicales pueden conservar grandes cantidades de vapor de agua, lo que favorece el desarrollo de nubosidad y tormentas.
A esto se suma la cizalladura vertical del viento, es decir, el cambio de velocidad o dirección del viento conforme aumenta la altura. Cuando esta cizalladura es fuerte, puede hacer que un ciclón pierda fuerza o gire de dirección bruscamente, según informó la NOAA.
¿Por qué octubre puede ser peligroso aunque haya menos ciclones?
De acuerdo con Conagua, septiembre y octubre coinciden con el cambio de verano a otoño, un periodo donde la temporada de lluvias se encuentra en su pico más alto, y comienzan a llegar los primeros frentes fríos.
Cuando estos sistemas interactúan con un ciclón tropical pueden modificar su trayectoria e incluso hacer que el sistema avance más lentamente o permanezca varios días cerca de una región.
Además, para octubre el suelo puede encontrarse muy blando por las lluvias acumuladas de la temporada, lo que incrementa los deslaves, especialmente en zonas montañosas del oriente, sur y sureste del país.
Huracanes que han golpeado a México entre septiembre y octubre
Nombres como “Patricia”, “Otis”, “John”, etc, no son extraños para México; muchos de estos ciclones se formaron durante septiembre y octubre, dejando una estela de devastación a su paso.
Entre los casos más conocidos se encuentran:
- Gilbert (1988): huracán categoría 5 que tocó tierra en Quintana Roo el 14 de septiembre y posteriormente afectó otras regiones de México.
- Pauline (1997): huracán categoría 3 que tocó tierra en Oaxaca el 8 de octubre.
- Wilma (2005): huracán categoría 4 que afectó Cozumel, Cancún y la Riviera Maya en octubre.
- Odile (2014): huracán categoría 3 que tocó tierra en Baja California Sur el 14 de septiembre.
- Patricia (2015): huracán categoría 5 que tocó tierra en la costa de Jalisco el 23 de octubre.
- Otis (2023):Un súper-huracán que tocó tierra en Acapulco, Guerrero, el 25 de octubre.
