¿De qué trata el fracking? El combustible que hoy alimenta al mundo no siempre es fácil de obtener. En muchos casos, se encuentra atrapado a miles de metros bajo tierra, dentro de poros microscópicos de roca sólida conocida como esquisto.
Para liberarlo, la industria utiliza una técnica llamada fracturación hidráulica o fracking, un proceso complejo que combina perforación, explosiones controladas e inyección de fluidos a alta presión.
¿Cómo se realiza el fracking paso a paso?
El proceso inicia con la perforación de un pozo vertical que puede alcanzar hasta 3,000 metros de profundidad. Durante este trayecto, los mantos acuíferos son atravesados y aislados mediante capas de cemento y acero. Una vez que se llega a la formación de roca objetivo, el taladro gira 90 grados y continúa de manera horizontal por varios kilómetros.
Posteriormente, se detonan pequeñas cargas explosivas dentro de la tubería para abrir paso en la roca. A través de estas perforaciones se inyecta una mezcla a presión extrema compuesta en un 90% por agua, 9% por arena y un conjunto de sustancias químicas.
Esta fuerza genera fracturas en la roca, permitiendo que el gas y el petróleo atrapados escapen hacia la superficie.
La arena cumple un papel clave: actúa como una cuña microscópica que mantiene abiertas las grietas una vez que la presión disminuye.
Sin embargo, debido a la baja permeabilidad de las lutitas, el flujo de hidrocarburos disminuye rápidamente, por lo que es necesario perforar nuevos pozos de manera constante, lo que implica la ocupación de grandes extensiones de territorio.
Cuestionan giro energético por posible uso de fracking en México
El debate sobre el fracking en México volvió a tomar fuerza luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum abriera la posibilidad de explotar gas no convencional en el país.
Esta postura ha sido señalada como un giro frente a su compromiso previo de no permitir esta técnica, lo que ha generado críticas sobre el rumbo de la política energética nacional.
Impactos ambientales, sociales y en la salud que genera el fracking
El uso del fracking conlleva diversos impactos. Cada pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua, lo que puede reducir la disponibilidad del recurso, especialmente en regiones con estrés hídrico como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
Además, existen más de 1,000 casos documentados de contaminación de fuentes de agua asociados a esta técnica en Estados Unidos.
Los fluidos utilizados contienen cientos de sustancias químicas, algunas altamente tóxicas como benceno, tolueno o xileno. El agua residual generada no cuenta con un tratamiento efectivo, lo que la deja fuera del ciclo hidrológico.
En términos de salud, especialistas señalan que una parte importante de las sustancias utilizadas puede provocar cáncer, afectar el sistema endocrino, generar alergias o dañar el sistema nervioso.
También se han detectado niveles elevados de metano y compuestos tóxicos en el agua potable cercana a zonas de explotación.
El fracking también contribuye al cambio climático. Durante el proceso se liberan gases como metano, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno. El metano, en particular, tiene un potencial de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono en el corto plazo.
A esto se suma la posibilidad de sismos inducidos por la inyección de aguas residuales en pozos profundos, fenómeno documentado en regiones de Estados Unidos donde antes no existía actividad sísmica significativa.
