A los ciudadanos se les llama pueblo, y en su nombre se impulsan leyes que impactan la vida de todos. Sin embargo, en el juego de la política, quienes toman las decisiones siguen siendo los políticos.
Reformas van y vienen. Foros, consultas y parlamentos abiertos también. Pero, de acuerdo con voces críticas, las opiniones de ciudadanos y especialistas no influyen en el resultado final de las iniciativas que se discuten en el Congreso.
La posible reforma electoral es señalada como un ejemplo claro: expertos advierten que invocar al pueblo para proponer cambios legales forma parte de una estrategia del gobierno para legitimar decisiones ya tomadas.
Consultas al pueblo, pero sin impacto real
Especialistas en temas legislativos aseguran que las consultas ciudadanas son utilizadas como un mecanismo de simulación cuando una reforma resulta polémica. Se abre el debate, se escuchan voces, pero las propuestas no se reflejan en el texto final.
Fernando Dworak, experto en temas parlamentarios, sostiene que en más de tres décadas de experiencia cercana al Congreso no recuerda un foro de consultas que haya derivado en cambios reales. Asegura que creer que las propuestas ciudadanas serán tomadas en cuenta es una fantasía.
La preferencia del gobierno: su partido y sus aliados
De acuerdo con el análisis presentado, en las reformas que impulsa el gobierno la prioridad no es la ciudadanía, sino su partido y sus aliados políticos. El llamado pueblo queda limitado al discurso.
Un ejemplo de esta dinámica son las reuniones con el Partido Verde y el Partido del Trabajo en torno a la reforma electoral que se cocina en Palacio Nacional. Los aliados del gobierno saben que la negociación comienza entre ellos.
Raúl Bolaños-Cacho, diputado del Partido Verde , reconoce que antes de presentar una iniciativa se debe cabildear con los aliados, con quienes se construyen los votos para que la reforma pueda avanzar.
“Planchar en lo oscurito” las reformas
Desde la oposición, las críticas apuntan a que las decisiones se toman antes de cualquier diálogo público. Daniel Chimal, diputado del PAN , asegura que primero se “plancha” lo que conviene al oficialismo y, a partir de ahí, se presenta una reforma ya definida, pasando por encima de quien sea necesario.
A los partidos de oposición, señalan los expertos, “ni los ven ni los oyen”. Fernando Dworak afirma que esta lógica es congruente con el discurso del gobierno: si el oficialismo encarna al pueblo, los demás son presentados como enemigos del sistema.
Esta narrativa, advierten, refuerza la exclusión política y reduce el debate democrático a una confrontación entre “buenos” y “malos”.
Cuando la política se aleja de los ciudadanos
El balance, según las voces críticas, es claro: los partidos han monopolizado la política y se han alejado de quienes les dan, o les quitan, el voto. La reforma electoral se convierte así en un ejemplo de cómo la participación ciudadana queda relegada frente a los acuerdos partidistas.
Mientras el discurso insiste en hablar en nombre del pueblo, expertos y legisladores advierten que las decisiones se siguen tomando lejos de los ciudadanos, en negociaciones cerradas que definen el rumbo de las reformas.