Este miércoles, la presidenta Claudia Sheinbaum pondrá sobre la mesa una de las iniciativas más determinantes de su sexenio: la nueva Reforma Electoral. Sin embargo, el proyecto llega a la Cámara de Diputados sin un consenso garantizado, enfrentando resistencias no solo de la oposición, sino desde las entrañas de su propia coalición. El punto de quiebre tiene nombre y apellido: la posible eliminación de los legisladores plurinominales, una figura tan criticada por la sociedad como vital para la supervivencia de los partidos políticos.
El origen democrático de los plurinominales
Los legisladores plurinominales no nacieron como un capricho político, sino como una solución a un problema real. Hace décadas, el sistema electoral mexicano era estrictamente mayoritario, lo que provocaba que millones de ciudadanos cuyos candidatos no ganaban un distrito se quedaran sin voz en el Congreso. La introducción de la representación proporcional permitió corregir esa exclusión, garantizando que las minorías políticas tuvieran presencia legislativa.
Ese objetivo democrático sigue siendo completamente válido hoy en día; sin embargo, el mecanismo para lograrlo está agotado. El gran rechazo social hacia los "pluris" radica en el diseño de las listas cerradas y bloqueadas. Este sistema le arrebató el poder de decisión al ciudadano para entregárselo a las cúpulas partidistas, las cuales utilizan estos escaños para premiar lealtades internas, pagar favores y proteger a sus liderazgos, en lugar de recompensar el voto popular.
El salvavidas del PT y el Verde en la Cuarta Transformación
La propuesta de reducir o desaparecer estos espacios legislativos bajo la bandera de la austeridad es sumamente popular entre el electorado, pero representa un escenario catastrófico para los aliados de Morena.
Históricamente, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM) carecen de la fuerza territorial necesaria para ganar distritos de manera independiente; su verdadero peso legislativo, su presupuesto y su capacidad de negociación radican en los votos acumulados a nivel nacional que se traducen en escaños plurinominales. Eliminar esta figura los dejaría al borde de la irrelevancia política.
El choque de intereses es tan fuerte que, incluso dentro del bloque gobernante, ya han surgido voces que admiten el peligro de la reforma. Estos legisladores reconocen que borrar la representación proporcional de un plumazo, sin ofrecer una alternativa, es un golpe directo contra los derechos de las minorías políticas que ellos mismos representan.
Alerta por riesgo autoritario: La oposición se reduciría al 14%
Más allá del debate sobre el diseño de las listas o la supervivencia del PT y el Verde, el verdadero peligro que advierten los especialistas es la reconfiguración del poder. Si la reforma electoral logra eliminar los legisladores plurinominales, el mapa político en San Lázaro sufriría una transformación radical.
Al depender exclusivamente de los distritos de mayoría, los partidos de oposición tradicional (PRI, PAN y Movimiento Ciudadano) verían desplomarse su representación, quedando arrinconados con apenas un marginal 14% de la Cámara de Diputados. En contraste, la aplanadora de Morena y sus aliados concentraría hasta un abrumador 86% de las curules.
Este escenario ha encendido una profunda alerta por el evidente riesgo autoritario que implica, ya que le otorgaría al partido gobernante un control absoluto y sin contrapesos, silenciando a las minorías y regresando al país a una época de hegemonía donde una sola fuerza política dictaba el rumbo de la Constitución a su antojo.
