Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en que Groenlandia debe pasar a control estadounidense por razones estratégicas, un mexicano observa la tensión desde el corazón del Ártico, lejos de los discursos de Washington y más cerca del hielo que hoy se ha vuelto geopolítico.
Se trata de Javier Arnaut, economista de 44 años y doctor por la Universidad de Groenlandia , quien desde hace nueve años reside de forma permanente en esta gigantesca isla. Llegó buscando aislamiento y silencio, pero hoy advierte que Groenlandia se encuentra en el centro de una disputa global.
Desde su vida cotidiana en el invierno ártico, Arnaut rechaza la narrativa de amenazas militares extranjeras y señala que el interés de Estados Unidos no pasa por la seguridad inmediata, sino por los recursos estratégicos que esconde el subsuelo groenlandés.
“No hay barcos chinos ni rusos en aguas groenlandesas”
Arnaut desmintió que Groenlandia esté rodeada de embarcaciones de potencias rivales, como ha sido insinuado en el discurso político estadounidense.
“Es una mentira total. No hay ningún barco chino o ruso en aguas groenlandesas. Estas aseveraciones son totalmente falsas y se utilizan como un arma para el electorado de Estados Unidos para causar temor”, afirmó.
Para el economista mexicano, ese argumento funciona como una justificación política interna, más que como una descripción real del entorno estratégico de la isla.
Los recursos que explican el interés de Washington por Groenlandia
De acuerdo con Arnaut, el verdadero valor de Groenlandia está bajo tierra. La isla concentra tierras raras, uranio, oro y otros minerales críticos, esenciales para la transición energética global y para industrias como la fabricación de vehículos eléctricos.
“ Groenlandia es rica en recursos… especialmente las tierras raras que se necesitan para la transición energética y para producir coches eléctricos”, explicó.
Estos minerales son considerados estratégicos por Estados Unidos y otras potencias, en un contexto de competencia global por el control de cadenas de suministro clave.
El rechazo inuit al dinero y a cambiar de “dueño”
Trump ha intentado seducir a Groenlandia con propuestas económicas, incluso con la idea de entregar dinero directamente a las familias. Sin embargo, ese planteamiento ha chocado con una resistencia cultural profunda.
“Ha habido un rechazo general. No hay dinero que pueda comprar a Groenlandia . Es una cultura que no se ha doblegado a cuestiones financieras”, señaló Arnaut.
La cultura inuit, mayoritaria en la isla, ha reiterado que su aspiración no es cambiar de soberano, sino avanzar hacia una mayor autonomía e independencia.
“Como mexicano, quise alejarme de Estados Unidos”
La historia personal de Arnaut atraviesa el relato geopolítico. El economista salió de México buscando un lugar donde la influencia estadounidense fuera mínima.
“Como mexicano me he querido alejar de Estados Unidos lo más posible. Pensé que en Groenlandia sería imposible ser afectado… parece que no me puedo escapar”, confesó.
Hoy, a temperaturas de hasta -15 grados, calentando su auto cada mañana en la oscuridad del invierno ártico, Arnaut observa cómo la isla que eligió como refugio se convierte en un punto clave del tablero internacional.
Groenlandia quiere independencia
Desde el terreno, el mensaje es claro: Groenlandia no busca ser comprada ni anexada. Busca decidir su propio futuro.
Para Javier Arnaut, el hielo aún resiste la presión política, pero la disputa apenas comienza, en una región donde los recursos, el clima y la geopolítica ya no pueden separarse.