Días después de la caída de Nicolás Maduro, el equipo de Fuerza Informativa Azteca (FIA) viajó a Venezuela para constatar el ambiente en el país sudamericano. Lejos de las celebraciones por la detención del dictador depuesto, las extorsiones, amenazas y el miedo prevalecen en la región.
Crónica del miedo: periodistas de FIA revelan la violencia post-Maduro en Venezuela
Luis Alberto Martínez Gress, periodista de FIA, voló desde la Ciudad de México a Bogotá sin problemas. Al aterrizar en Cúcuta, Colombia, en la frontera con Venezuela , todo cambió. Las autoridades lo detuvieron, le quitaron su cartera, identificaciones y celulares. Lo obligaron a desbloquearlos y revisaron su WhatsApp, Facebook y redes sociales . Le mostraron fotos de sus hijos y esposa. “Uy, pues no los vas a volver a ver”, le dijeron mientras lo mantenían detenido.
En una oficina, los agentes decían que los trámites estaban listos para trasladarlo. Tras una discusión entre los oficiales, lo llamaron y le devolvieron sus cosas, pero exigieron una “ofrenda”, es decir, un soborno. Martínez Gress tenía 160 dólares en su cartera; ellos sólo le dieron 10 dólares para que pudiera salir de ahí.
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El peligroso camino hacia Caracas en un país paralizado
Mientras tanto, Andreina Andrade viajó sola hacia Caracas durante 14 horas. Su auto se descompuso en dos ocasiones, lo que combinaba con un parque vehicular oxidado debido a la crisis industrial.
En una parada, mientras el conductor luchaba con un motor que escupía humo negro, una ciudadana venezolana le habló del miedo que tienen de ser detenidos y delatados por simpatizantes chavistas o de los colectivos, grupos armados por el propio régimen. “Hasta los chavistas de las cuadras te señalan”, destaca.
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“Estamos en manos de la misma gente": el temor de los venezolanos a los colectivos
Tras llegar a un puesto de control, un militar la bajó del automóvil y le gritó al preguntarle sobre su visa y sus documentos mientras revisaba su maleta. En total fueron 28 puestos de control hasta llegar a la capital venezolana.
El analista Jesús Saavedra consideró que la alegría, aunque es generalizada entre los venezolanos, “está contenida por el miedo, por el temor a la represión”. Añadió que, aunque quieran celebrar en las calles, “estamos en manos de la misma gente”.
Otro venezolano resumió el ambiente: “Cuánto nos gustaría estar ahorita en las calles celebrando, pero no podemos. Porque estamos en manos de la misma gente. Este es un régimen que, por lo actual, te buscan, así sea por debajo de las mesas, por debajo de la cama, porque no les gusta que uno hable de lo que está pasando en el país”.