En México, más de 38 millones de personas viven en situación de pobreza. Pero detrás de la estadística fría, hay una realidad que muchas veces se ignora en la propia capital del país: no todos reciben la mano del gobierno, y peor aún, muchos ya han perdido la fe en que esa ayuda llegue algún día.
En las periferias de la Ciudad de México (CDMX), familias enteras viven literalmente al borde, en casas que cuelgan de los cerros, dependiendo de la naturaleza y, sobre todo, de su inquebrantable fuerza de trabajo.
“No tenemos esperanza en el gobierno”
Rocío Serapio es una de esas historias. Madre de familia y comerciante, su casa está hecha de láminas, madera y pisos de tierra. Para ella, las promesas políticas son ruido de fondo.
“Nosotros los pobres no tenemos esa esperanza de que algún día el gobierno nos ayude con algo... Mejor ni esperar y ahora sí que luchar por nosotros mismos”, sentencia con una claridad que duele.
Para Rocío, la ruta es clara: salir adelante por medios propios, sin deberle nada a nadie. “Sí hay manera”, asegura Magdalena, otra vecina que confía en que el esfuerzo personal es la única salida real.
Trabajan al límite y no esperan nada del gobierno....
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) January 27, 2026
En México, 38 millones viven en pobreza fuera de los programas sociales. En lo alto de los cerros, Rocío y Amalia sobreviven con pisos de tierra y jornadas eternas, vendiendo flores para salir adelante a punta de esfuerzo.… pic.twitter.com/5iqqMjj4aW
Subir el cerro para sobrevivir
Amalia Fernández también vive en las alturas geográficas, pero en la base de la pirámide económica. Se dedica a vender flores y cada día enfrenta distancias enormes para ganar el sustento.
“Sí está lejos, está retirado... pero echándole ganas a vender flor, yo digo que sí podemos comprar un terreno y tener casa propia”, comenta con la esperanza puesta en sus manos, no en un cheque bimestral.
La advertencia del IMCO: “No poner los huevos en una sola canasta”
Mientras estas mujeres luchan día a día, los especialistas advierten sobre el peligro de la dependencia estatal. Diego Díaz, investigador del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), señala que “subvencionar la pobreza” en lugar de reducirla estructuralmente es un riesgo financiero a largo plazo.
“No sabemos cómo va a estar la situación financiera en 20 o 30 años... si el gobierno va a tener o no los recursos suficientes”, explicó el experto.
La recomendación del IMCO es dura pero realista: la población no debe depender necesariamente de las ayudas gubernamentales, porque el futuro de las arcas públicas es incierto.
Hoy, para millones de mexicanos, el sendero de la libertad exige una responsabilidad brutal: sobrevivir cuando el Estado no mira.