Ernesto, novio de Isabel, revela en la clínica de emociones cómo se le ocurrió utilizar la casa de Sonia, hija de Isabel, como bodega. Además de negar ser un arrimado, dice que él paga renta a Isabel, aunque la casa es de Sonia. Sonia dice que, de haberle avisado, habría accedido a rentarle un espacio a Ernesto con tal de llevar la fiesta en paz.