Los procedimientos para embellecerse se han multiplicado, al igual que los productos empleados para tal fin. Ya sea a la hora de peinarse, esculpir las uñas o definir el mejor diseño de maquillaje, las opciones y las técnicas abundan aunque muy pocos reparan en ciertas precauciones.
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Si nos centramos en la manicura, muchos optan por recurrir a los expertos en la materia mientras que en algunos casos se llevan a cabo procedimientos en la comodidad del hogar. Es principalmente aquí en donde se despiertan algunas alarmas que no deben pasarse por alto.
¿Por qué cuidar la cutícula?
Una de las acciones que se debe abordar a la hora de realizarse la manicura es el cuidado de las cutículas. Cuidarlas es fundamental porque actúa como un sello protector natural que impide la entrada de bacterias, hongos y otros patógenos a la matriz de la uña, advierte la aplicación Gemini.
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La Inteligencia Artificial (IA) de Google precisa que al mantener esta barrera hidratada y suave, se previenen inflamaciones dolorosas, como la paroniquia, y se evita que las uñas crezcan con irregularidades o debilidad. Por lo tanto, “una cutícula sana no solo protege contra infecciones, sino que también garantiza que la uña nazca en un entorno óptimo para su desarrollo”, sentencia Gemini.
¿Qué errores evitar para cuidar la cutícula?
Gemini pone de relieve que un mantenimiento adecuado permite que las manos luzcan siempre pulcras y profesionales, complementando cualquier estilo, desde un acabado natural hasta los diseños más sofisticados. Sin embargo, hay que tener ciertas precauciones con nuestras cutículas.
“En el caso de la cutícula, al hacerse la manicura en casa es una excelente forma de consentirse, pero la cutícula es una barrera protectora vital que, si se maneja mal, puede abrir la puerta a infecciones o debilitar el crecimiento de la uña”, advierte la Inteligencia Artificial y detalla los errores más comunes y cómo evitarlos para mantener tus manos sanas y estéticas:
Cortar el "eponiquio" por error: El error más grave es confundir la cutícula (piel muerta pegada a la uña) con el eponiquio (el borde de piel viva que rodea la base).
- El riesgo: Si cortas la piel viva, el cuerpo reacciona endureciéndola para protegerse, lo que crea "padrastros" o callosidades más gruesas.
- La solución: Solo retira con un alicate los restos de piel que ya estén sueltos o secos. Nunca cortes el contorno continuo de la base.
Empujar con demasiada fuerza: Usar un empujador de metal con mucha presión puede dañar la matriz de la uña, que es donde nace.
- El riesgo: Aparecen surcos horizontales o manchas blancas en la superficie de la uña que solo desaparecerán conforme esta crezca.
- La solución: Usa un palito de naranjo o un empujador de silicona. Haz movimientos suaves y circulares.
Trabajar con la piel seca: Intentar movilizar o retirar la cutícula sin haberla ablandado previamente aumenta las posibilidades de desgarros.
- El riesgo: Heridas pequeñas que pueden inflamarse (paroniquia).
- La solución: Aplica un removedor de cutícula en gel durante 15 segundos o sumerge las manos en agua tibia con un poco de jabón neutro antes de empezar.
Olvidar la hidratación post-manicura: Muchos terminan el esmaltado y olvidan que los químicos del quitaesmalte y el alcohol deshidratan profundamente la zona.
- El riesgo: Cutículas blancas, agrietadas y con aspecto descuidado a los pocos días.
- La solución: Aplica aceite para cutículas (o incluso aceite de almendras o coco) al terminar. Masajea bien para estimular la circulación.
