Comer saludable y entrenar con frecuencia son hábitos que muchas personas incorporan para mejorar su condición física. Sin embargo, la calidad de los alimentos no es el único aspecto que debe tenerse en cuenta. Consumir menos energía de la necesaria también puede comprometer la salud y el rendimiento deportivo, aunque la dieta parezca adecuada.
Claudio Nieto, docente y divulgador especializado en fisiología del ejercicio, abordó esta situación en una entrevista con Mundo Deportivo, realizada con motivo de su libro Hormonas, metabolismo y rendimiento. Allí explicó por qué terminar una sesión de ejercicio no garantiza estar cubriendo las necesidades del organismo.
¿Por qué se puede comer sano y aun así comer demasiado poco?
“Se puede comer muy ‘sano’ y aun así comer demasiado poco, son dos cosas diferentes”, señaló Nieto. Su advertencia apunta a quienes acumulan restricciones en la alimentación mientras aumentan sus exigencias físicas con la intención de perder peso y mejorar su rendimiento.

El especialista recordó que el cuerpo también necesita energía para mantener los huesos, reparar tejidos y sostener funciones como la inmunidad y la reproducción. Por eso, la alimentación debe contemplar tanto el esfuerzo deportivo como los procesos que continúan fuera del gimnasio.
Esta explicación coincide con el concepto de baja disponibilidad energética que recoge el Comité Olímpico Internacional (COI): ocurre cuando, después de descontar la energía utilizada durante el ejercicio, queda una cantidad insuficiente para atender adecuadamente las necesidades del cuerpo.
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¿Qué señales indican que conviene revisar la alimentación?
El Instituto Australiano del Deporte menciona entre las señales de alerta el descenso del rendimiento, las lesiones o enfermedades recurrentes, las alteraciones menstruales y los cambios de ánimo. Estos síntomas requieren una evaluación, ya que también pueden tener otras causas.

Además, comer insuficientemente puede suceder sin intención. Aumentar el entrenamiento y mantener las mismas comidas, desconocer las necesidades individuales o tener dificultades para organizar la alimentación son algunas circunstancias que pueden favorecerlo.
El abordaje suele incluir ajustes en la ingesta y, cuando corresponde, en la carga de ejercicio, con seguimiento profesional. La cantidad necesaria debe adaptarse a cada persona, considerando su entrenamiento y su estado de salud.










