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El Ángel de la Independencia se vistió de tricolor: la pasión de México que ningún marcador puede derrotar

La afición mexicana tomó el Ángel de la Independencia en la CDMX con una pasión incontenible. Cantos, espuma y cerveza al aire marcaron una noche.

Hay noches que van más allá del futbol. Hay noches que se convierten en historia. Y la noche en el Ángel de a Independencia fue una de ellas.

La fiesta que vivió Edgar Galicia, reportero de Azteca Noticias

Desde el primer momento en que el reportero Edgar Galicia de Azteca Noticias pisó el epicentro de la celebración, lo que encontró no fue solo una multitud: fue un país entero latiendo al mismo ritmo.

“Desde que llegué, eso fue lo primero que percibí. Hambre de triunfo, hambre de gloria”, describió desde el corazón de la marea blanca, verde y roja.

El Ángel de la Independencia, ese monumento que ha sido testigo de los momentos más grandes de México, volvió a ser el punto de encuentro de miles de almas tricolores que llegaron con una sola misión: apoyar a su selección contra Corea del Sur, rival al que ya venció en el Mundial de Francia 98.

Entre cantos, gritos y una energía desbordante, la afición demostró que la lluvia no es rival para su pasión. "¡Hoy viene la lluvia y no nos vamos a mover!”, se escuchó entre la multitud. Y así fue, nadie se movió, nadie quiso perderse ese momento de comunión colectiva.

El primer gol de la noche en el partido de México vs. Corea

Cuando llegó el gol, la locura se desató por completo. Espuma, cerveza y cuerpos lanzados por los aires fueron la respuesta espontánea de una afición que vive el futbol con una intensidad única en el mundo.

Pero más allá de la euforia, hubo algo profundo en esa noche. “Vi a un país que olvidó las diferencias”, dijo Galicia. Porque eso es lo que hace la Selección Mexicana: convierte a extraños en familia, borra fronteras internas y recuerda a todos que hay algo más grande que cualquier diferencia.

“El mexicano tiene una virtud inmensa: siempre encuentra una razón para celebrar. Pero también una razón para volver a creer.”

Esa es la verdadera victoria que se vivió en el Ángel. Una que ningún árbitro puede anular y ningún marcador puede borrar.

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