Mientras dormías, en las salas de espera del Hospital Pediátrico Legaria se vivía el resultado de una tragedia anunciada. Un adolescente de 15 años, llamado Jeremy, fue intubado y se debate entre la vida y la muerte. Su tragedia no fue un accidente fortuito de la madrugada, sino el síntoma más cruel de una epidemia que las autoridades se niegan a ver, una violencia descontrolada entre adolescentes y el fracaso absoluto del sistema educativo para frenarla.
No son "pleitos de niños", son omisiones que cuestan vidas. Jeremy fue apuñalado afuera de la Secundaria 324 "Alfonso Caso Andrade", en la alcaldía Tláhuac, por otro menor de 14 años, identificado como Diego Kevin Cruz Gutiérrez. Tras el ataque, una prima de la víctima tuvo que arrebatarle el arma blanca al agresor, mientras el padre de Jeremy, ante la falta de protocolos, trasladó a su hijo al hospital en su propio auto con los órganos destrozados: tres perforaciones en el pulmón, laceraciones en el intestino, daño renal y la pérdida del bazo. "Está intubado mi niño y lo tienen en terapia intensiva... si se llegasen a infectar las heridas se tendría que hacer alguna otra cosa", relata con angustia su abuela, Guadalupe Mendoza.
Familia de Jeremy pasa la noche afuera del hospital
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) February 13, 2026
Lo de #Jeremy en Tláhuac no es un caso aislado, es el resultado de ignorar las alarmas. Un menor de 14 años armado, una escuela que no vio venir la tragedia y un sistema que protege al agresor.
El joven está intubado en… pic.twitter.com/fus1B0RXtQ
Lo más indignante es que esta sangre pudo evitarse, pues la violencia ya estaba normalizada en ese plantel. Hace apenas cuatro meses, en la misma escuela, Nicole, de 12 años, fue golpeada y humillada por sus compañeras, presuntamente por llevar "tenis pirata". Ese acto de crueldad no encendió una sola alarma ni provocó la intervención enérgica de profesores, directivos o autoridades de la SEP. Los padres exigen revisión de mochilas, pero el sistema prefiere voltear hacia otro lado.
Violencia escolar y el bullying han aumentado un 60%
El horror de la impunidad escolar se repite en toda la capital. En la alcaldía Gustavo A. Madero, el caso de Fernanda es otro monumento a la negligencia. Tras ser azotada contra el piso por una compañera, lleva cuatro meses y medio sin ir a la preparatoria, requiere reconstrucción de nariz, presenta daño neurológico y tendencias suicidas. Mientras tanto, sus agresores siguen asistiendo a clases con total normalidad.
🚨 Jeremy, el joven de 14 años apuñalado enfrente de su secundaria por uno de 15 años, será intubado; tiene tres perforaciones en el pulmón. 🚨
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) February 12, 2026
Su abuelita, señora Guadalupe, pide justicia.
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Las cifras del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX revelan que la violencia escolar y el bullying han aumentado un 60%. Pese a esto, los agresores resultan casi siempre impunes, protegidos por un sistema de justicia para adolescentes cuya pena máxima es de cinco años y por la falta de mecanismos reales de corrección en las escuelas. La seguridad de los estudiantes sigue siendo una promesa vacía, dejando a las familias con una pregunta aterradora cada mañana que dejan a sus hijos en la puerta del colegio: ¿quién será el próximo?
