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Caracas después de la caída de Maduro: La calma que inquieta

Mientras el mundo observa el fin de una era política en Venezuela, las calles de Caracas avanzan como si nada hubiera pasado. Una normalidad que desconcierta, inquieta y revela el miedo como mecanismo de supervivencia.

Caminar hoy por Caracas, Venezuela es recorrer una ciudad partida en dos tiempos. Hace menos de una semana, el dictador Nicolás Maduro fue capturado y el país entero quedó suspendido en la promesa del fin de una era. Sin embargo, en las calles, la vida sigue con una normalidad que desconcierta.

No hay multitudes detenidas por el asombro ni señales visibles de un país paralizado por la historia. Los comercios abren, el tráfico avanza y la rutina se impone, como si los acontecimientos estuvieran ocurriendo en otro lugar y no aquí, en estas mismas aceras donde la política suele sentirse en el aire.

Lo verdaderamente impactante no es la crisis, sino la inercia. Caracas parece haber aprendido a caminar entre terremotos políticos sin perder el paso, ignorando, por puro instinto de supervivencia, los ecos que llegan desde Washington o incluso desde el propio Palacio de Miraflores.

Caracas: Una ciudad que se mueve mientras el país se redefine

La expectativa internacional era la de una capital sacudida por el shock. Pero lo que se encuentra es cotidianidad. Una calma que descoloca y desafía cualquier análisis lógico, porque mientras el futuro político del país se negocia en tiempo real, Caracas sigue caminando como si la historia no estuviera ocurriendo aquí.

Esta normalidad no es indiferencia ni olvido, es una coraza. En Venezuela , la vida diaria se convirtió desde hace años en un mecanismo de defensa frente a la incertidumbre permanente.

La explicación que nadie dice en voz alta

La respuesta a esta aparente contradicción cabe en una sola palabra: miedo. La represión que ha vivido el pueblo venezolano desde hace décadas no desapareció con la captura de Nicolás Maduro . Permanece como una sombra que ordena silencios, modera gestos y empuja a la gente a seguir adelante sin mirar demasiado alrededor.

En Caracas, Venezuela sobrevivir ha significado aprender a normalizar lo extraordinario. Y hoy, incluso ante uno de los momentos más decisivos de su historia reciente, la ciudad responde como ha aprendido: avanzando, aunque el suelo siga temblando.

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