La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encabeza un equipo científico internacional que analiza microbialitos —bacterias que atrapan sedimentos y minerales considerados la evidencia de vida más antigua de la Tierra— con el fin de identificar moléculas orgánicas que puedan sobrevivir y guiar el éxito de futuras misiones de exploración espacial en Marte.
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— Sala de Prensa UNAM (@SalaPrensaUNAM) July 3, 2026
¿Cómo investigará la UNAM la vida en Marte sin salir de la Tierra?
Según su comunicado, México vuelve a ser el escenario perfecto para llevar a cabo este proyecto histórico, pues las estructuras estudiadas serán las del lago volcánico de Alchichica, Puebla, donde recrearán —mediante experimentos actuales— las condiciones de radiación y sales de perclorato (altamente reactivas, incoloras, inodoras) de Marte.
Y es que el lago de Alchichica, según la Comisión Nacional del Agua, posee características geológicas, químicas y biológicas sumamente similares a las que existieron hace miles de millones de años en el cráter Jezero, sitio marciano donde actualmente opera el rover Perseverance de la NASA. Así es como este sitio se convierte en uno de los mejores laboratorios naturales terrestres del mundo.

Cabe destacar que el lago de Alchichica es catalogado científicamente como un cuerpo de agua en un cráter volcánico de impacto, famoso por su extrema salinidad y alta alcalinidad, que son condiciones óptimas para el desarrollo de estromatolitos (ecosistemas y fósiles más antiguos del planeta) vivos.
¿Cómo ayudará el estudio de la UNAM a las misiones espaciales de Marte?
Los resultados de esta investigación servirán para agencias espaciales como la NASA, quienes ya determinan —con precisión científica— qué tipos de biomarcadores (lípidos) resisten la degradación por radiación gamma y ultravioleta, señalando los puntos exactos y más prometedores donde las máquinas de la NASA deben excavar para buscar rastros biológicos.
El proyecto es una colaboración financiada por México y Europa, donde participan la UNAM, el Cetro de Astrobiología de España (CAB, CSIC-INTA), instituciones del Reino Unido, el Earth-Life Science Institute de Japón y alumnos de posgrado apoyados por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).
