La desaparición forzada y la violencia parecen haber dibujado un corredor de alto riesgo que atraviesa municipios del sur de Guanajuato como Yuriria, Valle de Santiago y Moroleón. En esta franja territorial, cada vez más familias se fracturan ante la ausencia de uno o varios de sus integrantes: hijos, hermanas, primos o cuñados que un día salieron de casa y nunca regresaron.
De acuerdo con Raymundo Sandoval, integrante de la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, el fenómeno de las desapariciones comenzó a crecer de manera exponencial a partir de 2017. En un inicio, la atención pública se centró en el corredor industrial del estado; sin embargo, con el paso de los años, los focos rojos se han extendido hacia municipios más pequeños, especialmente aquellos que colindan con Jalisco .
“Cada vez es más notorio que en los pueblos del Rincón y en estos municipios aumentan también exponencialmente las desapariciones”, advierte Sandoval, quien subraya que la problemática ha sido minimizada durante años.
Historias de horror, dolor e impunidad tras casos de desaparecidos en Guanajuato
Detrás de las cifras hay historias marcadas por el miedo y la desesperación. El pasado 24 de enero de 2025, Gabriela Muñiz, de 29 años, y sus cuñadas Adriana y Victoria Zaragoza Reséndiz, de 34 y 35 años, salieron de la comunidad de La Angostura. Nunca regresaron.
De acuerdo con Mariana Muñiz, familiar de las víctimas, las mujeres habían salido a recoger carpas para celebrar el cumpleaños de uno de los hijos. “Desde ese día no las ubiqué… algo les pasó a ellas”, relató entre lágrimas. La desaparición de las tres mujeres dejó a seis niños sin sus madres, un impacto que se multiplica en cada familia afectada.
Semanas después, solo Adriana, de 35 años, fue localizada sin vida. Su cuerpo presentaba signos de violencia extrema. Gabriela y Victoria continúan desaparecidas , sin que hasta ahora exista información clara sobre su paradero.
Valle de Santiago y Moroleón: desapariciones que no cesan
En Valle de Santiago, otro caso refleja la dimensión del problema. El 6 de mayo de 2025, Manuel Raya Vidal, un joven de 28 años, desapareció cuando circulaba en su motocicleta por el entronque Yuriria–Moroleón. Ese día debía recoger a su hijo de tres años en la escuela, pero nunca llegó.
Su madre, Silvia Vidal, ahora forma parte del colectivo de madres buscadoras . “No tengo ninguna señal, ningún indicio… no sé por qué le hicieron este daño”, lamenta. Como en muchos otros casos, las preguntas se acumulan sin respuesta.
Para las buscadoras y buscadores, el silencio se ha convertido en una constante. Las familias denuncian la falta de avances en las investigaciones y la ausencia de información por parte de las autoridades. “No nos han dicho nada, nomás se quedaron callados”, resume Mariana Muñiz.
Mientras tanto, el corredor de violencia sigue creciendo, dejando comunidades enteras marcadas por la incertidumbre y el miedo. Colectivos y organizaciones insisten en la urgencia de una respuesta integral que incluya prevención, investigación efectiva y acompañamiento real a las víctimas.