La escena se repite en distintos puntos de La Habana y otras ciudades de Cuba: familias cocinando con carbón, casas a oscuras y una sensación de incertidumbre que crece con cada día que pasa. El futuro del régimen cubano luce frágil, sostenido —como muchos lo describen— sobre estructuras de arena, luego del golpe político contra Nicolás Maduro, uno de los principales aliados y proveedores de combustible de la isla.
Durante años, el apoyo venezolano permitió que la maquinaria del régimen cubano siguiera funcionando, aunque fuera de manera limitada. Hoy, ese respaldo se tambalea. Las restricciones impuestas a los buques que intentan sacar petróleo de Venezuela, impulsadas por Donald Trump, provocaron un efecto dominó que ya golpea directamente a Cuba, un país que de por sí vive atrapado en una crisis permanente.
Menos combustible, más carencias para la población de Cuba
Para los ciudadanos, el impacto es inmediato. Víctor Romero, residente de Cuba, reconoce que el ejemplo venezolano genera temor entre la población, pues nadie tiene claro cuáles serán las medidas ni cómo se enfrentará una situación que ya es crítica. La incertidumbre no solo es política, también es cotidiana: no saber si habrá luz, si se podrá cocinar o si los niños pasarán otra noche sin electricidad.
Las llamadas “transfusiones” de combustible que mantenían a flote al país ya no llegan como antes. Y sin ellas, el panorama se oscurece todavía más. Deyanira González, habitante de La Habana, lo dice sin rodeos: si el combustible deja de entrar a la isla , no habrá ni siquiera para alumbrarse. La preocupación no es abstracta; es el miedo real a quedarse completamente a oscuras y ver a los niños pasar necesidades.
Las imágenes hablan por sí solas: personas cocinando con carbón en pleno siglo XXI, luchando para encender el fuego y resolver lo básico. Una postal que contradice el discurso oficial de modernidad y bienestar social.
Las decisiones globales y el costo para el pueblo cubano
En el tablero mundial, los movimientos de las potencias vuelven a dejar claro quién paga las consecuencias. Las restricciones al petróleo venezolano no dañan directamente a los gobiernos, sino a la gente común. Así lo señala Rigoberto Rodríguez, otro residente cubano, quien asegura que los más perjudicados siempre son los ciudadanos, no quienes toman las decisiones desde el poder.
El golpe al suministro energético no representa un nuevo comienzo para Cuba , sino más bien el ocaso de un sistema que mantiene a su población en constante precariedad. Mientras los líderes buscan cómo sortear la crisis, las familias enfrentan apagones, escasez y un futuro que no promete mejoras inmediatas.
La narrativa de “primero los pobres” se diluye frente a la realidad diaria. En Cuba, el presente se vive entre carencias y el mañana se percibe cada vez más lejano. No hay señales de un amanecer cercano, solo la continuidad de una crisis que parece profundizarse con cada movimiento geopolítico.