El panorama energético en México ha tomado un rumbo crítico marcado por el incumplimiento de promesas y el deterioro de la infraestructura nacional. Lejos de alcanzar una gasolina a 10 pesos o consolidar instalaciones seguras, la administración actual ha presidido un incremento alarmante en los incidentes operativos.
Los registros que abarcan de 2013 a 2024 revelan que los puntos más críticos en cuanto a fugas y derrames coinciden precisamente con la llegada del actual gobierno al poder, dejando una huella de hidrocarburos que afecta directamente al ecosistema.
La herencia de la negligencia: Accidentes al alza
De acuerdo con diversas denuncias, la transición del sexenio anterior al actual trajo consigo un aumento desmedido en los siniestros dentro de las instalaciones de Petróleos Mexicanos. Rubén Moreira, coordinador priista en la Cámara de Diputados, sostiene que la proporción de accidentes y vertimientos de crudo ha crecido de forma masiva.
Lo más preocupante es que estas estadísticas, basadas en reportes oficiales de la propia institución, ni siquiera contabilizan las mermas generadas por el robo de combustible o huachicol, lo que sugiere un escenario de descontrol aún más profundo.
El costo del ahorro: Sin mantenimiento preventivo
Especialistas en la materia, como el consultor Gonzalo Monroy, señalan que el origen de estos desastres radica en una decisión deliberada de recortar gastos esenciales. Las tareas de mantenimiento correctivo y preventivo no se ejecutaron con la frecuencia ni la suficiencia necesaria.
En lugar de modernizar y reparar la infraestructura existente, los recursos se desviaron hacia proyectos de gran envergadura. Esta política de ahorro en áreas críticas ha resultado en una operatividad deficiente que hoy se manifiesta en el deterioro visible de las plantas procesadoras.
Dos Bocas: Un capricho con sobrecosto del 160%
La inversión en la refinería de Dos Bocas se ha convertido en el centro de las críticas debido a su gestión financiera. Aunque la promesa inicial de López Obrador fue que la obra costaría 8 mil millones de dólares, la realidad actual muestra un excedente presupuestario superior al 160%. Hasta la fecha, se reconoce que el gasto ha sobrepasado los 21 mil millones de dólares y la cifra continúa en ascenso.
Expertos coinciden en que hubiera sido financieramente más viable destinar los 8 mil millones originales a la rehabilitación de las 6 refinerías que ya operan en el país, en lugar de apostar por una construcción nueva cuyo mantenimiento, al ser poco visible políticamente, suele ser ignorado.
Impacto ambiental y golpe al bolsillo ciudadano
Las repercusiones de estas decisiones políticas las terminan pagando los mexicanos. Por un lado, la promesa de reducir el costo del combustible quedó en el olvido, pues el precio de la gasolina no ha bajado; por el contrario, mantiene una tendencia opuesta a lo ofertado inicialmente.
Por otro lado, los desastres ecológicos en zonas como el Golfo de México evidencian las consecuencias ambientales de la falta de inversión técnica. A mediano y largo plazo, la población seguirá padeciendo tanto la contaminación derivada de las fugas como el impacto económico de un sistema energético que prioriza las obras faraónicas sobre la eficiencia y la seguridad.