Un estudio de los hábitos de consumo siguió la alimentación de 25,000 personas durante 25 años, y encontró que beber al menos un vaso de jugo de naranja diario desde la infancia incrementa un 20% el riesgo de desarrollar hipertensión arterial en la etapa adulta, lo que derriba el mito de que es una opción de desayuno 100% saludable.
¿Por qué el jugo de naranja aumenta la hipertensión?
Según la investigación liderada por Vasanti Malik, de la Universidad de Toronto y respaldada por la Asociación Americana del Corazón (AHA), al exprimir una fruta se pierde la fibra haciendo que la fructuosa se absorba de golpe. Sin embargo, si sustituimos este vaso de juego por una pieza de fruta entera reducimos el riesgo de hipertensión en un 19%.
#Tip Sugerencia de colación: gajos de naranja. Además de nutritivo, refuerzas tus defensas con vitamina C pic.twitter.com/oQN96bhoVr
— IMSS (@Tu_IMSS) December 19, 2016
Aunque al estudio le tomó un cuarto de siglo llega a estos resultados, los hallazgos acaban de ser publicados en la revista médica Circulation, donde los participantes fueron de origen estadounidenses y los datos recabados desde mediados de la década de los noventa.
¿Cómo se relaciona el consumo de azúcar con la hipertensión?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los azúcares presentes en los jugos de fruta, incluyendo los naturales recién exprimidos, se ubican en la categoría de "azúcares libres".
Por ello es que la OMS recomienda que el consumo de estos azúcares se reduzca a menos del 10% de la ingesta calórica total diaria, siendo el ideal solo el 5%, con el fin de prevenir enfermedades cardiovasculares como: Infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares e hipertensión; además de diabetes.
Finalmente, en México, el impacto de estas bebidas cobra mayor relevancia con contextos locales, ya que —según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) del 2024— desde el 2022 la prevalencia de hipertensión arterial en los adultos en el país es alarmante, alcanzando el 47.8% de la población adulta, aunque actualmente las cifras bajaron a 29.1%.
Esto se debe al alto consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, que es uno de los principales detonantes silenciosos a los que estamos expuestos desde la niñez.
