Los pacientes en México duermen en la calle para pedir consultas que muchas veces son rechazdas. La búsqueda de bienestar físico obliga a los ciudadanos a implementar dinámicas extremas para asegurar un turno médico. En las inmediaciones de la clínica Ignacio Chávez, la actividad de los usuarios arranca en plena madrugada, con personas que inician sus rutinas desde las dos de la mañana para abandonar sus hogares apenas una hora después.
La desesperación por quedar entre los turnos iniciales impulsa a ciertos derechohabientes a arribar desde la noche, optando por pernoctar en el interior de sus vehículos para asegurar su lugar.
Pacientes enfermos en la vía pública y de noche
Para cuando el reloj marca las 5, el panorama exterior exhibe una aglomeración que supera las 50 personas en espera de una cita o de la entrega de sus fármacos.
Mientras las instalaciones permanecen desiertas por dentro, en el exterior los ciudadanos aguardan la apertura recostados o tomando asiento sobre banquetas, el pavimento y bancos portátiles. Todo con la esperanza de recibir atención en lo que, a decir del gobierno pasado, debía ser como Dinamarca.
Llamadas sin respuesta y un sistema que no procesa solicitudes de pacientes
La promesa de una gestión moderna y eficiente a través de canales digitales es, en la práctica, una completa simulación que incomunica a los usuarios.
Los afectados reportan que las líneas telefónicas jamás son atendidas y la plataforma de internet no ofrece soluciones reales, dejando la conectividad al amparo de la suerte y de la limitada señal que emite la propia estructura del edificio. La incertidumbre se prolonga hasta casi las 6, momento en el que finalmente se abren las puertas para dar paso a la multitud.
Lejos de una atención universal, el ingreso se traduce en un estricto racionamiento donde apenas se distribuyen cerca de 70 fichas para toda la jornada. A partir de ese filtro, los seleccionados son enviados a la toma de constantes vitales, quedando varados en las salas de espera con la expectativa de recibir alguna valoración en el consultorio asignado hasta las 7 de la mañana.
Primeras horas de la mañana y ya hay pacientes rechazados
El prolongado tiempo de espera no es garantía de alivio, sino el inicio de más burocracia y rechazos institucionales. El caso de una paciente llamada Beatriz ejemplifica las deficiencias del servicio: tras lograr ingresar al espacio de consulta 14, se le negó cualquier tipo de medicamento o solución inmediata, siendo expulsada y canalizada de forma externa hacia el hospital de Tláhuac.
El resto de los ciudadanos permanece en los asientos, algunos intentando dormir por el cansancio acumulado y otros refugiados en sus teléfonos celulares.
La primera consulta efectiva se registra hasta las 8:15, según lo que Azteca Noticias pudo registrar: un aparato administrativo que somete a los usuarios a encadenar interminables filas humanas.
La indignación crece ante el desabasto de medicamentos crónico, pues los pacientes denuncian retrasos de dos meses para lograr surtir sus recetas y periodos de hasta 3 meses esperando una llamada de seguimiento que nunca llega. La experiencia final resulta desoladora: los derechohabientes deben invertir hasta 7 horas del día en el proceso, y en una gran cantidad de ocasiones, regresan a sus hogares con las manos vacías y sin atención.
El calvario de Isabel: burocracia y desatención médica en el ISSSTE
A sus 76 años, Isabel protagoniza una odisea que comparten miles de pacientes en el país. Su travesía comienza desde el momento en que debe salir de su hogar para asistir a una cita médica en la clínica Ignacio Chávez del ISSSTE.
¡La dolorosa odisea por la salud!
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) June 18, 2026
Isabel tiene 76 años, depende de un tanque de oxígeno y trasladarse en silla de ruedas le causa un dolor profundo. Aun así, viaja más de una hora hacia la clínica Ignacio Chávez por su tratamiento, reflejando el calvario que sufren miles de… pic.twitter.com/O2bfxg2pHj
A pesar de vivir a solo cinco minutos del Hospital de Tláhuac, la institución la obliga a trasladarse a clínicas a más de una hora de distancia. Con un severo desgaste de cadera que le impide caminar y dependiente de un tanque de oxígeno, salir de su casa representa un calvario físico y económico, viéndose obligada además a gastar mil 300 pesos de su bolsillo en medicamentos que el sistema no le abastece.
Al llegar a su cita, la situación empeora al enfrentarse al trato deshumanizado del personal, retrasos en la atención y recetas de paracetamol que ya no mitigan su dolor. La travesía culmina entre la falta de sistema en el área de Rayos X y horas de espera, saliendo de la clínica casi a las 9:00 de la noche para una cita programada a las 6:30 de la tarde.