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Censura a la prensa en México: ¿Quién sancionará las mentiras oficiales del gobierno?

Con el pretexto de los “derechos de las audiencias”, el gobierno busca convertirse en el árbitro supremo de la verdad. No te pierdas el análisis en Casilla 27.

El contraste es indignante: mientras el gobierno no hace nada para proteger la vida de los periodistas, sí despliega toda su maquinaria para controlar lo que los medios pueden transmitir. Ahora bajo el disfraz de la censura, presentaron “los derechos de las audiencias”, nada más y nada menos que nuevos lineamientos para sancionar a los medios que presenten información que el régimen considere “falsa”.

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¿Y esto qué significa para ti? Significa que buscan tapar la realidad. Mientras los discursos oficiales nos presumen cifras alegres sobre un sistema de salud de primer mundo o una supuesta baja en los índices de delincuencia, el trabajo de los medios es mostrar lo que viven miles de mexicanos: los hospitales sin medicinas y las calles tomadas por la inseguridad. Si el gobierno decide qué es “verdad”, cualquier reporte periodístico que contradiga la versión oficial podría ser censurado por el simple hecho de ser incómodo.

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Y aquí surge la pregunta obligada: ¿quién decidirá qué es verdad y qué es mentira? El gobierno, por supuesto. Pero si las autoridades van a castigar y sancionar a los medios de comunicación solamente porque ofrecen información que les incomoda, ¿quién va a sancionar a los políticos morenistas cuando ofrezcan datos falsos en sus conferencias? Ningún lineamiento contempla castigos para las mentiras oficiales.

Toda censura moderna comienza con una supuesta buena intención; nunca se presenta abiertamente como autoritarismo, sino disfrazada de “protección al ciudadano”. Ese es el viejo vicio paternalista del Estado: la idea de que el gobierno sabe mejor que la sociedad qué información es correcta, qué opiniones son aceptables y qué contenidos debemos consumir. Cuando un gobierno asume ese papel, deja de ser garante de las libertades para convertirse en el árbitro supremo de la verdad.

El mayor derecho de la audiencia es la libertad de elegir, de dudar y de contrastar entre todas las opciones informativas, sin un papá gobierno que le diga qué puede o no escuchar. Proteger a la ciudadanía jamás debería significar convertir al gobierno en el dueño de la verdad. El régimen quiere volver a cambiar las reglas a su favor, pero aquí estaremos para seguir defendiendo la libertad de expresión y la libertad de defender lo que queremos ver. Yo soy América López y esto es Casilla 27.

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