El derrame de petróleo que apareció en el Golfo de México durante febrero y marzo de 2026 terminó convirtiéndose en uno de los ecocidios más graves de los últimos años.
Lo que inició como una mancha sobre un ducto marino, terminó extendiéndose por más de 600 kilómetros de litoral entre Veracruz y Tabasco.
A semanas del derrame, el crudo ha llegado incluso hasta Texas, mientras autoridades durante días minimizaron su impacto o se deslindaron del origen.
¿Cómo comenzó el derrame de petróleo en el Golfo de México?
Entre el 6 y el 13 de febrero, un grupo de pescadores detectó una mancha de petróleo que se extendía unos 50 kilómetros sobre un ducto marino. En ese momento, no hubo declaraciones oficiales, todo se manejó en silencio.
El 14 de febrero, un barco no identificado dejó una mancha de contaminación de 53 kilómetros que, tiempo después, sería la pista clave para señalar a los posibles responsables.
Para el 1 de marzo, ya esconder esto era prácticamente imposible. Pobladores del sur de Veracruz comenzaron a reportar presencia de chapopote en las playas. La mancha llegaba a unas 16 comunidades costeras desde Pajapan, Veracruz, hasta Paraíso, Tabasco.
La región afectada sumaba ya 150 kilómetros de costa, y organizaciones como la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México encendieron las alarmas por un posible ecocidio a manglares.
De buques privados a gotas de hidrocarburo
El 2 de marzo, Pemex declaró que no había derrames en playas del sur de Veracruz. Sin embargo, los reportes locales apuntaban a que la fauna ya estaba llena de chapopote.
El 12 de marzo, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, señaló a “un barco privado de una petrolera privada que no trabaja para Pemex” como posible responsable.
Ese mismo día, la Marina activó el Plan Nacional de Contingencias, aunque ambientalistas denunciaron que la atención ya era tardía. Las comunidades, por su cuenta, comenzaron tareas de limpieza en zonas como la laguna del Ostión, pero los restos del crudo no dejaban de llegar.
Una mancha que no deja de crecer
Para el 19 de marzo, se habían reportado 94.7 toneladas de residuos en las costas de Veracruz y Tabasco. Aunque Pemex aseguró tener un avance del 85% en la limpieza, habitantes denunciaron que solo se realizaban en playas turísticas, dejando de lado zonas pesqueras y áreas naturales.
Para ese entonces, las afectaciones en el litoral del Golfo de México superaban los 500 kilómetros.
El 23 de marzo, la gobernadora Nahle minimizó la situación al afirmar que solo se trataba de “algunas gotas” que habían llegado a las playas.
Para el 26 de marzo, la empresa estatal responsabilizó a dos chapopoteras naturales y al buque no identificado, con lo que abrió nuevas líneas de investigación.
Días después, el 5 de abril, bañistas en Isla del Padre, Texas, reportaron residuos de petróleo, lo que confirma que el hidrocarburo siguió desplazándose sin contención.
¿Quién responderá por el ecocidio?
A pesar del despliegue interinstitucional, y de las casi 900 toneladas de crudo recolectado, se sigue sin saber el nombre del responsable o responsables de este ecocidio tremendo.
La respuesta tardía, el minimizar la situación desde un principio, provocó que manglares, arrecifes, zonas pesqueras y reservas comunitarias quedarán expuestas a niveles impresionantes de petróleo.
Esta negligencia tuvo consecuencias reales para cientos de familias que dependen económicamente de la pesca, pero también para el medio ambiente, y de nueva cuenta ¿quien va a pagar por esto?