México ha tocado fondo. La corrupción en el país ya no es solo una estadística en papel, es una crisis humanitaria que se paga con vidas: en hospitales sin medicinas y en servicios públicos que nunca llegan. Hoy, el país registra su peor nivel histórico de corrupción, impulsado por una red política que operó desde las entrañas del poder.
Reprobados ante el mundo: Lugar 140 de 180
De acuerdo con el último informe de Transparencia Internacional, al finalizar el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, México registró su peor desempeño en la historia. Las cifras son devastadoras: el país cayó hasta el lugar 140 de 180 países, obteniendo una calificación reprobatoria de apenas 26 sobre 100 puntos.
Ricardo Alvarado, investigador de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), explica la relación directa entre estas cifras y la realidad de la gente:
“Mientras más corrupción haya, hay menos dinero para comprar medicamentos, para construir hospitales, para construir y proveer servicios públicos de calidad...”.
El factor “Grupo Tabasco”
El reporte señala que el disparo en los niveles de corrupción e impunidad tiene nombre y apellido. Se trata del ascenso del llamado “Grupo Tabasco”, una facción que creció al cobijo y amparo de la llamada Cuarta Transformación.
En este grupo figuran personajes clave del sexenio pasado:
- Adán Augusto López: Exsecretario de Gobernación .
- Hernán Bermúdez Requena: Exsecretario de Seguridad de Tabasco.
- “Andy” y “Boby": Los hijos del expresidente López Obrador.
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Para los especialistas, esto no fue un accidente, sino un secuestro institucional.
“Se trata de una estructura de poder que capturó al gobierno para hacerla operar en sus intereses. El problema de eso es que si un gobierno está más preocupado por cuidar de los intereses de ese grupo, ya no cuida los intereses públicos...”, sentenció Alvarado.
El costo de la soberbia
El análisis concluye que la corrupción de este grupo derivó en una impunidad absoluta, marcada por la soberbia y la arrogancia de sus integrantes. Sin embargo, la factura final no la pagan ellos, sino los mexicanos más vulnerables: aquellos que siguen esperando las medicinas, las vacunas y una cama en un hospital, recursos que se esfumaron en las redes del “Grupo Tabasco”.