A siete años de la implementación de las Becas Benito Juárez ., el programa insignia de la política social educativa en México enfrenta su mayor crisis de legitimidad. Lo que nació como una promesa de equidad se ha transformado en un sistema de reparto indiscriminado que, lejos de fomentar la excelencia o aliviar la pobreza estructural, parece subvencionar el consumo superficial mientras asfixia a los sectores que verdaderamente impulsan el desarrollo nacional: la ciencia y la excelencia académica.
Estudiantes en el olvido y científicos en formación sin apoyo completo
El principal problema del programa radica en su desdén por el mérito. Actualmente, millones de estudiantes de nivel medio superior reciben 1,900 pesos bimestrales bajo un esquema de "universalidad ciega".
Como señalan testimonios críticos, esta entrega se realiza "sin importar las calificaciones", lo que desincentiva el esfuerzo académico. El riesgo no es solo presupuestal, sino social; se observa con preocupación cómo estos recursos, destinados teóricamente a la educación, terminan financiando gastos recreativos —desde cigarros hasta alcohol—, desvirtuando el propósito de una política pública que debería ser formativa.
Mientras el gobierno se jacta de que para este 2026 cerca de 22 millones de estudiantes recibirán algún apoyo, la realidad en las instituciones de alta exigencia es desoladora.
El caso de los alumnos del Cinvestav es el ejemplo más fehaciente de esta regresión. Mientras se dispersan pesos a granel en la educación básica y media, se han eliminado becas de posgrado e investigación, agrediendo directamente al corazón tecnológico y científico del país.
La disparidad es cruel. Mientras una madre como Virginia sobrevive con ingresos precarios para atender a una hija con cáncer , el sistema prefiere la dispersión atomizada de recursos en lugar de robustecer servicios públicos de salud y educación de calidad. Para familias como la suya, la beca no es una solución, es una limosna institucionalizada que no resuelve la falta de infraestructura médica ni la inseguridad.
Una beca que apenas alcanza
La burocracia y la falta de criterio también golpean a los alumnos destacados. Estudiantes de excelencia de la UAM reportan procesos de solicitud extenuantes y kafkianos, donde un error mínimo invalida el apoyo. Aquellos que logran obtenerlo, como los estudiantes que recorren trayectos peligrosos hasta sus planteles, lo hacen en condiciones de vulnerabilidad extrema.
"La beca apenas cubre pasajes y libros, pero no compra seguridad", comentan estudiantes que deben salir a veces por la noche en zonas de alto riesgo.
El panorama para 2026 es sombrío. México se encamina a un modelo donde la cantidad de becados sustituye a la calidad educativa. El programa Benito Juárez ha demostrado ser una herramienta eficaz de control clientelar, pero un fracaso rotundo como motor de movilidad social. Al final del día, estudiantes como Juan o Virginia seguirán "sobreviviendo por unos cuantos pesos", mientras el país hipoteca su futuro científico y académico en nombre de una igualdad mal entendida que premia la permanencia, pero no el brillo.
