Una legendaria colección de vinos de finales del siglo XIX, que permaneció oculta durante décadas bajo el suelo de una capilla en el Castillo de Bečov —en la República Checa—, ha sido minuciosamente restaurada y finalmente expuesta al público. Las 133 botellas, en su mayoría datadas entre los años 1892 y 1899, fueron descubiertas en 1985 en un escondite subterráneo donde los antiguos propietarios del castillo las sepultaron al término de la Segunda Guerra Mundial debido a la proximidad del avance de las tropas aliadas y la frontera con Alemania.
La compleja restauración de este botín histórico fue liderada por la prestigiosa bodega francesa Château d’Yquem. De acuerdo con Toni El Khawand, maestro de bodega de la firma francesa, el sótano de la vieja capilla ofreció las condiciones de conservación perfectas para el vino: muros gruesos, temperaturas frías constantes y una alta humedad subterránea. La extraordinaria calidad y preservación del líquido se comprobó científicamente en 2016 mediante el uso del dispositivo Coravin, una tecnología que extrae muestras a través de una aguja que perfora el corcho sin dañarlo ni alterar el producto. Aunque varias botellas tuvieron que recibir corchos nuevos, la restauración fue tan escrupulosamente auténtica que los expertos se aseguraron de conservar intacto incluso el polvo original impregnado en el vidrio.
De simpatizantes nazis a un misterioso plan de rescate
El Castillo de Bečov fue el hogar de la acaudalada familia Beaufort-Spontin, quienes al ser señalados como simpatizantes del régimen nazi tuvieron que abandonar la propiedad cuando el territorio fue confiscado por la entonces Checoslovaquia. Antes de huir a Austria, la familia ocultó las valiosas botellas justo al lado del Relicario de San Mauro, una invaluable pieza sacra que se dice contiene los restos de San Juan Bautista.
El secreto se mantuvo bajo tierra hasta 1984, cuando los herederos de la familia contactaron en secreto a un empresario estadounidense llamado Danny Douglas para recuperar el tesoro. Douglas solicitó formalmente un permiso gubernamental para extraer "un objeto desconocido en una ubicación no revelada". El misterio levantó las sospechas de las autoridades checoslovacas, y tras un intenso estira y afloja burocrático, la policía local logró deducir el punto exacto de la búsqueda, lo que llevó al histórico hallazgo de la colección en 1985. Hoy, este tesoro de la enología mundial vuelve a brillar en el mismo lugar donde fue rescatado.
Este descubrimiento cierra un caso de contrabando histórico
El hallazgo de este botín no solo revolucionó la enología, sino que cerró uno de los casos de contrabando más audaces de la Guerra Fría en la antigua Checoslovaquia. Cuando el empresario Danny Douglas ofreció al Estado pagar una enorme suma de dinero a cambio de llevarse un objeto oculto de gran valor para sus clientes, los servicios de inteligencia y la policía comunista sospecharon de inmediato. Los oficiales iniciaron un juego del gato y el ratón siguiendo las pistas de las solicitudes de Douglas hasta dar con las coordenadas del Castillo de Bečov. Al excavar bajo la capilla, la policía no solo se topó con las botellas de vino de Château d’Yquem, sino también con el Relicario de San Mauro, considerado el segundo tesoro histórico más importante de la República Checa después de las Joyas de la Corona, salvándolo de ser vendido ilegalmente en el mercado negro internacional.
