Los habitantes de Cuba deben lidiar con apagones de horas, escasez de alimentos y también falta de agua potable en casas, por falta de energía para hacer operar las bombas, por la escasez de combustible y la falta de mantenimiento a plantas eléctricas.
Testimonios: la vida diaria bajo la crisis energética en La Habana
Felicia de la Caridad Álvarez, habitante de La Habana, aseguró que llevan seis meses sin recibir agua, mientras que la cisterna de la vecindad donde vive no tiene agua para atender 22 habitaciones con hasta 10 personas viviendo en cada una.
“El agua es esencial en una casa; sin agua no eres nada, la vida no fluye. (...) Ayer estuvimos 48 horas sin energía”, relató a la agencia de noticias Reuters. Agregó que, tras presiones, el alcalde o el director de Agua envían pipas, pero de baja capacidad, cuando requieren una de mayor tamaño para llenar su cisterna.
Felicia, con 64 años de edad, ciega de un ojo, con hipertensión y diabetes, debe enfrentar también los apagones. La comida de su refrigerador se echó a perder, mientras que su televisión está descompuesta.
Economía de supervivencia: el comercio informal ante la escasez
Las personas en Cuba también encuentran formas para hacerse de ingresos, como vender cosas sacadas de la basura. Diosmel Ortega describe que comercia con objetos recuperados de basureros como mangueras, libros, discos compactos o hasta popotes usados.
“Porque todos saben, están conscientes. No es que están ajenos o no saben nada, ellos están conscientes que nosotros los encontramos (en la basura) y los ponemos ahí para por lo menos pelear un poco y tratar de sacar algo”, declaró.
Protestas en Cuba: el aumento del descontento social por cortes eléctricos
Algunos ciudadanos mantienen una actitud de resistencia y cotidianeidad frente a las restricciones. Omayra Blanca afirmó: “Los cubanos somos luchadores; hacemos las cosas por nosotros mismos. Con lo poco que tenemos, sobrevivimos y seguimos adelante.
Otros, como María Mercedes González, optan por evitar confrontaciones públicas: “Aguantar. ¿Qué vamos a hacer? Hay que aguantar. No me voy a poner a hacer escándalo en la calle ni a tocar cacerolas… Si se va la luz, ¿qué hago? Me acuesto. Me acuesto tranquila. O enciendo mi lámpara cuando está cargada y me siento, o salgo un rato a conversar con los vecinos hasta que vuelva la energía. Cuando no vuelve, me voy arriba a dormir”, afirmó.
A pesar de la represión de la dictadura hacia las manifestaciones, en las últimas semanas se han producido protestas en toda La Habana, ya que los apagones se han extendido hasta durar 18 horas al día.
El régimen devuelve el suministro eléctrico en ciertos barrios de forma selectiva, lo que en ocasiones ha ayudado a apaciguar las protestas, pero tanto los apagones como las protestas han aumentado en las últimas semanas.
