Don Pascual recién cumplió cien años, es artesano y su taller se ubica en su natal Metepec, Estado de México (Edomex); ahí da forma, con barro, a jarros pulqueros que él diseñó y que pone a la venta como parte de una tradición y para sobrevivir.
Entre broma y en serio, don Pascual dice que a su edad se dedica a esta actividad artesanal por una causa:
"Todavía, con qué voy a mantener a mi novia... Todo lo que ves (es) pieza por pieza todo lo que me vienen a encargar yo lo trabajo", relata.
Auque escucha poco y habla pausado, sus manos e ingenio siguen dando un toque distinto a su trabajo conocido en varias partes del país.
Cada uno de los jarros pulqueros lleva un nombre de hombres y mujeres y no puede faltar una frase coloquial.
"Pienso uno para nombrarlos...diferentes, le pongo diferentes nombres", explica.
Su trabajo lo inició cuando tenía siete años, el mentor a esta actividad fue su padre quien trabajaba cazuelas, pero él quiso ofrecer algo distinto.
Don Pascual recuerda: Hacía puras ollas, molcajetes. Bueno, diferentes cosas luego pensé eso no deja nada y por eso me enseñe a hacer esas cosas".
Jarros pulqueros, tradición heredada
Detrás de este metepequense hay cuatro generaciones que siguen sus pasos: Dylan, su bisnieto compartió el orgullo que siente que su abuelo persista con este trabajo a pesar de su edad.
"La técnica muy antigua, es la del vidriado, es precisamente esa que tiene el brillo que se le da a las cazuelas, a los jarros, esa que pasa por dos horneadas, es la técnica más antigua que nos enseñó el abuelito", relata Dylan.
Recientemente cumplió 100 años y apoyado en su bastón y el apoyo de sus familiares, don Pascual toma el barro y hace diversas figuras: cabezas de animales. Pinta, decora y escribe, le ayudan a meter los materiales al horno y a dejar listos los jarros pulqueros, listos para recibir la llamada "bebida de los dioses".
Esta familia ha procurado las artesanías de barro, con una variedad de técnicas aparte de la del vidriado como el barro natural, pigmentado y policromado.
