El Centro Histórico de la Ciudad de México es un universo aparte. Entre calles saturadas, comerciantes, cargadores, turistas y locales, existe un orden que solo quienes lo recorren a diario logran entender. Ahí, cada calle tiene una identidad propia: unas viven de la música, otras de los textiles o de los aparatos electrónicos. Pero hay una en especial donde la luz y los anuncios son protagonistas: Aranda.
En el Centro Histórico cada calle tiene su especialidad
En el corazón de la capital del país, la ubicación lo es todo. Basta caminar unas cuadras para descubrir que cada zona tiene una vocación comercial distinta. Uruguay concentra textiles; El Salvador y Artículo 123 son referencia para electrónicos; Bolívar respira música. Y Aranda se convirtió desde hace décadas en el punto obligado para quienes buscan letreros, anuncios luminosos y estructuras publicitarias.
La lógica es simple: quien quiere anunciarse, termina llegando ahí. En apenas unos metros se agrupan talleres y locales donde fabrican desde letras de acrílico hasta enormes estructuras iluminadas con neón o LED.
Comerciantes y clientes coinciden en algo: la tradición pesa. Muchos llegan porque alguien les recomendó la calle o porque desde hace años saben que ahí encontrarán lo que necesitan.
Aranda, la calle donde el neón sigue vivo
Entre tubos, cables, soldaduras y acrílicos, todavía sobreviven oficios que parecen condenados a desaparecer. Uno de ellos es el doblado de tubos de gas neón, una técnica artesanal que requiere precisión y experiencia.
Algunos trabajadores aprendieron el oficio desde jóvenes y hoy son considerados de los pocos que continúan realizando este trabajo de manera tradicional. Mientras las nuevas tecnologías avanzan, ellos siguen moldeando vidrio y dando forma a anuncios personalizados que iluminan negocios de toda la ciudad e incluso de otros estados.
Muchos locales funcionan al mismo tiempo como tienda y taller. Ahí mismo diseñan, cortan, ensamblan y prueban los anuncios. Algunos comerciantes incluso adaptaron camionetas y remolques para transportar piezas gigantes que después terminan en bares, restaurantes, discotecas o tiendas.
La competencia fortaleció a los negocios de anuncios
Aunque en Aranda prácticamente todos venden lo mismo, los comerciantes aseguran que la competencia nunca fue un problema. Al contrario, consideran que esa concentración ayudó a convertir la calle en referencia obligada para clientes de todo el país.
Cada negocio encontró su propio estilo: algunos trabajan proyectos personalizados, otros se enfocan en anuncios comerciales, mientras que varios mantienen diseños clásicos que todavía tienen demanda.
Sin embargo, no todo ha sido sencillo. Los comerciantes reconocen que las rentas elevadas, los cierres en el Centro Histórico y las afectaciones por marchas o bloqueos han golpeado las ventas en los últimos años.
Un oficio con décadas de historia en la CDMX
Detrás de muchos negocios hay historias familiares que comenzaron hace más de medio siglo. Algunos comerciantes heredaron el oficio de sus padres o abuelos, quienes empezaron fabricando anuncios cuando la zona apenas comenzaba a especializarse.
Con el paso del tiempo, Aranda se transformó en una especie de corredor de anuncios luminosos donde conviven técnicas tradicionales y nuevas tecnologías. Entre luces, herramientas y creatividad, la calle mantiene viva una tradición que forma parte del organizado caos del Centro Histórico.
Porque en esa parte de la ciudad, todos lo saben: el que no se anuncia, simplemente no existe.