Museo Bonsai
04 septiembre 2021 12:09hrs
Jorge Zarza
Salud - Educacion - Y - Bienestar - Notas
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Un museo de pequeños ancianos que no dejan de crecer

Ubicado en Puebla, el museo está dedicado a John Naka, quien desde el lejano oriente destacó por su habilidad para darle variadas formas a los Bonsai.

Lo único que sabía de los Bonsai lo había aprendido en los 80’s con la película Karate Kid, cuando el doctor Miyagui recortaba minuciosamente uno de estos arbolitos.

Años después, Mario San Román, director de Azteca en alguna época, nos regaló un Bonsai que, en mi caso, terminó por secarse una semana después. Fuera de eso, sabía que eran árboles enanos que nacían en macetas pequeñas. ¡Qué equivocado estaba!

Uno puede imaginar que hay personas que coleccionan estos arbolitos, pero al saber de la existencia de un museo dedicado al Bonsai, naturalmente habría que conocerlo.

Con el equipo élite de FIA, integrado por Ricardo Ruiz, Esteban Sánchez y Álex Domínguez, pudimos caminar por los pasillos de arcilla que nos adentraron a una exposición al aire libre de estos seres vivos.

Nos recibió un hombre de 81 años que parecía de 30 por su sobrada energía y apasionada actitud.

Ubicado en Puebla, el museo está dedicado a John Naka, quien desde el lejano oriente destacó por su habilidad para darle variadas formas a los Bonsai y compartió su técnica con don Emigdio Trujillo, quien tiene a su cargo 400 especies actualmente. Si sumáramos las edades de todos ellos, habría unos 2 mil años de vida.

Don Emigdio vio por casualidad una revista allá por 1974 que hablaba de los Bonsai, cuando en México ni siquiera se sabía de ellos. Empezó a coleccionarlos y cuidarlos hasta que en 2010 inauguró el museo.

Aquí, una de las piezas más preciadas es un olivo de más de 100 años. El Bonsai más joven es un juniors que tiene un par de meses.

Solo hay 50 museos de Bonsai en todo el mundo y apenas 2 en México. Éste es uno de ellos.
En 2012 se ofertó un Bonsai por 100 millones de yenes, algo así como 1 millón de dólares, que lo convirtió en el arbolito más caro del mundo.

Todo eso nos platicaba don Emigdio mientras nos cubrimos de la llovizna. Un Bonsai puede durar una semana si se le ignora o toda la vida si se le cuida.

Al final del recorrido nos obsequió uno, cuyas raíces están en una vasija. Hay que hablarle, recortar sus ramas, vigilar que no se ahogue, ponerlo al sol y atenderlo cotidianamente. ¿Como si fuera un hijo? Le dije. Sí, porque lo es.

A los muchachos del equipo les dio un bonsai que cabía en la palma de la mano, con un mes de vida. A mí me entregó uno más pesado, sembrado en una especie de refractario rectangular con apenas ¡28 años de vida!

Sentí que me estaba entregando una de las piezas del museo de Antropología e Historia para que la pusiera en el patio de mi casa. Los aceptamos con mucho agradecimiento sin conocer el desenlace de aquellos presentes.

Días después les pregunté cómo les había ido con su Bonsai, Alex me dijo que se le había muerto, Esteban se lo había dado a su mamá y Ricardo ni siquiera me contestó, así es él a veces.

En mi caso, el arbolito aún no ha muerto, lo conservo, lo recorto y a veces le platico.
Recientemente mi hija me tomó una foto en la que aparezco recortando el Bonsai cual doctor Miyagui, que, más allá de lo anecdótico, me recordó lo importante que es estar a cargo de un ser vivo. A cambio, ese Bonsai, te devuelve un poco de paz, algo que en estos momentos tanto necesitamos.

Jorge Zarza Bonsai

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