El movimiento antivacunas no nació en internet ni durante la pandemia. Su origen se remonta a los primeros años de la vacunación contra la viruela, cuando en el siglo XVIII comenzaron a surgir dudas y resistencia social ante una práctica médica nueva, según documenta el portal educativo History of Vaccines del Colegio de Médicos de Filadelfia .
En el siglo XIX, en Inglaterra se formaron grupos organizados que rechazaban las leyes que obligaban a vacunarse. Argumentaban que el Estado no debía intervenir en decisiones personales. Esa tensión entre salud pública y libertades individuales se mantiene hasta hoy.
Durante gran parte del siglo XX, la oposición fue limitada. Sin embargo, el debate cambió de dimensión a finales de los años noventa.
El punto de quiebre: un estudio que fue retirado
En 1998, la revista médica The Lancet publicó un estudio que sugería una relación entre la vacuna triple viral y el autismo. Años después, la investigación fue retirada y se determinó que tenía fallas graves, pero el daño ya estaba hecho.
Diversos reportes de la propia revista y análisis posteriores confirmaron que no existía vínculo entre la vacuna y el autismo. Aun así, la desconfianza se extendió, especialmente con la expansión de internet y redes sociales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la desinformación sobre vacunas es uno de los principales riesgos para la salud pública mundial.
Del escepticismo a los brotes actuales
En los últimos años, la baja en tasas de vacunación ha sido asociada con el regreso de enfermedades que estaban bajo control, como el sarampión. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos han señalado que los brotes suelen concentrarse en comunidades con menor cobertura de vacunación.
Durante la pandemia de COVID-19, agencias como Reuters documentaron cómo la desconfianza hacia las vacunas se convirtió en un fenómeno global, alimentado por teorías difundidas en redes sociales.
¿Por qué persiste el movimiento antivacunas?
Especialistas en salud pública coinciden en que el movimiento antivacunas se explica por varios factores:
- Circulación rápida de información falsa en plataformas digitales
- Desconfianza hacia instituciones gubernamentales
- Temor a efectos secundarios, aunque sean poco frecuentes
- Debate sobre libertad individual frente a protección colectiva
Lo que comenzó como resistencia a una vacuna contra la viruela hace más de dos siglos hoy influye en decisiones de salud pública en distintos países.
El movimiento antivacunas ha evolucionado con el tiempo, pero el dilema central sigue siendo el mismo: cómo equilibrar la autonomía personal con la protección comunitaria ante enfermedades que se pueden prevenir.
