En una cafetería de Paseo Tabasco, en Villahermosa, el secretario de Gobierno estatal, José Ramiro López Obrador, y el subsecretario Joaquín Alejandro Ligonio fueron sorprendidos por reporteros justo cuando el tema que los persigue volvió a tocar la puerta: presuntos actos de corrupción.
No hubo posicionamiento, tampoco matices. Apenas detectaron a la prensa, Ligonio optó por levantarse y salir sin detenerse. Detrás, López Obrador aceleró el paso hacia su vehículo. La insistencia de los periodistas solo arrancó una frase breve: “ahorita no”. Y nada más.
El episodio, breve pero elocuente, ocurre en un momento donde las preguntas pesan más que nunca y las respuestas siguen sin aparecer.
📍☕ Reporteros de medios nacionales ubican a Pepín López y al subsecretario de Desarrollo Agrícola y Ganadería, Joaquín Alejandro Ligonio en un café; al abordar al secretario de Gobierno, responde: “Ahorita no”. pic.twitter.com/BIAO147QgP
— xevt - xhvt (@xevtfm) April 23, 2026
Crédito Ganadero a la Palabra bajo sospecha, ¿cuál es la razón?
El trasfondo no es menor. Días recientes han estado marcados por la difusión de una investigación en XEVT, presentada por el periodista Emmanuel Sibilla, que pone bajo la lupa el programa Crédito Ganadero a la Palabra en Tabasco.
El esquema, impulsado por la administración del gobernador Javier May, ha implicado una inversión superior a los 417 millones de pesos. La promesa es conocida: reactivar el sector mediante la entrega de ganado a productores, quienes devolverían el apoyo con crías. El problema, según lo expuesto, es que la estructura del programa deja más dudas que certezas.
No hay claridad en los tiempos de recuperación, ni mecanismos sólidos para garantizar que el dinero público regrese. En la práctica, advierten críticos, el modelo podría terminar operando como un subsidio sin control, con tintes políticos más que productivos.
Ganado irregular y posibles beneficios cruzados
La investigación también abre otro frente: el origen del ganado. Se señala la posible introducción ilegal de reses desde Centroamérica, algunas en condiciones sanitarias cuestionables, que posteriormente serían “regularizadas” para su venta dentro del programa estatal.
A esto se suma la sospecha de una red de intereses donde proveedores, actores políticos y funcionarios coincidirían en un mismo circuito: comprar barato, vender al programa y obtener ganancias en el proceso.
Mientras tanto, los números tampoco terminan de respaldar el discurso oficial. El reparto proyectado luce marginal frente al tamaño real del hato ganadero en Tabasco, que supera el millón y medio de cabezas
