Hoy es día ocho de la solicitud de aprehensión y extradición de Rubén Rocha Moya y su banda, pero nada. El Gobierno federal se resiste a entregarlos, y se acaban las justificaciones.
Simplemente rechazan la petición del Departamento de Justicia de Estados Unidos, ni el ultimátum de Donald Trump en el que advierte que si el gobierno mexicano no actúa, ellos lo harán.
Las advertencias internacionales no han cambiado la postura de México
Ni la advertencia del fiscal Todd Blanche de que ya tiene listas más órdenes de aprehensión contra narcopolíticos mexicanos han logrado cambiar la posición de México.
Morena no quieren enviar a los suyos a decir lo que saben en los tribunales de Brooklyn. Más bien lo que sabe Rocha Moya, el senador Inzunza y los otros gobernadores y funcionarios que están en la mira de los Estados Unidos.
No es solo el cártel de Sinaloa y Rocha Moya, son otras cinco organizaciones criminales consideradas terroristas que actuaron en complicidad con gobernantes en varios estados del país.
Lo saben las agencias de inteligencia de Estados Unidos, las fiscalías en México… lo saben también las gobernadoras y los gobernadores. Y lo saben, sobre todo, las familias de los 200 mil muertos que dejó la violencia en el gobierno de López Obrador.
Activistas protestan en el Zócalo para exigir el fin de la impunidad
El autoritarismo y la intolerancia del gobierno trató de callar esa voz que, como quiera, se escucha en todos los estados afectados por la narco guerra. Quitaron la manta, pero la denuncia continúa.
El colectivo “Mexicanos al grito de paz” protestó en el Zócalo con una manta que exigía el fin de la impunidad para Rubén Rocha, vinculado al cártel de Sinaloa.
Pero la protesta fue interrumpida en el Centro Histórico de la CDMX, pero ¿cómo empezó todo? Sigilosamente organizado, un grupo de “reventadores” silenció la protesta, justo en el corazón político del país.
Con actitud amenazante se desplegaron alrededor de la manta e intimidaron a los integrantes del colectivo, quienes pedían auxilio a los policías del Centro Histórico.
Los oficiales después ignoraron la petición de auxilio que hicieron los manifestantes ante los golpeadores que cercaron su protesta. Instantes después, en una acción coordinada y con movimientos bien estudiados para desintegrar cualquier tipo de manifestación, se apoderaron de la lona, y pasaron encima de quienes trataban de resistir las agresiones.
En redes sociales el colectivo insiste en su denuncia. Fue un intento por silenciar a la sociedad civil, pero “Mexicanos al grito de paz” sostiene que “la censura no elimina la verdad”.