tva (1).png

Jugaban a ser Dios: la red de médicos de Argentina que organizaba fiestas con fentanilo robado y terminó con un muerto

Audios filtrados revelan cómo médicos de Argentina robaban medicamentos para armar fiestas en las que se drogaban. Un anestesiólogo murió por sobredosis.

Ilustración editorial conceptual de una siniestra fiesta médica. Un primer plano de un vial médico de vidrio con la etiqueta “Anesthesia” y una bomba de infusión médica colocada sobre una lujosa mesa de fiesta junto a copas de cóctel vacías. En el fondo oscuro, la silueta de un médico con estetoscopio y bata blanca, iluminada por un único y dramático foco rojo. Atmósfera oscura, de suspenso, vibras de thriller, enfoque nítido, hiperdetallado, fotoperiodismo galardonado.
Se destapa la red de médicos de Argentina que organizaba fiestas con fentanilo robado y terminó con un muerto | Generada con IA

Argentina se encuentra en el foco internacional por un caso que involucra médicos de élite, fiestas, excesos y un final fatal. Lo que al principio parecía un lamentable accidente en un lujoso departamento del barrio de Palermo, en Buenos Aires, acaba de destapar una situación muy desagradable.

El pasado 20 de febrero, Alejandro Salazar, un joven anestesiólogo de 31 años, fue encontrado sin vida en su casa. Pero la escena del crimen dejó a la policía con el ojo cuadrado: el médico muerto tenía conectada una vía intravenosa directo al pie derecho. ¿Qué se estaba metiendo para acabar así? Un cóctel letal de fentanilo y propofol, sustancias de uso estrictamente de quirófano.

El cadáver fue solo la punta del iceberg, pues resulta que los frascos que hallaron junto a él tenían las etiquetas del Hospital Italiano, uno de los centros médicos más prestigiosos de Argentina.

¿De qué trataban las fiestas de propofol y el retorcido juego de 'ambucear'?

A raíz de este fallecimiento, se empezaron a filtrar unos audios de WhatsApp entre el personal médico, donde sacaron todos los trapitos al sol.

Resulta que un grupo de especialistas se robaba las medicinas y los aparatos de los quirófanos para armar verdaderas reuniones clandestinas, a las que ellos mismos bautizaron como las fiestas de propofol.

El chiste de estas fiestecitas era inyectarse el fentanilo robado y otros anestésicos para agarrar un ‘vuelo’ extremo. Buscaban quedarse en un estado de limbo o ensoñación, al borde de quedarse dormidos por completo.

Las fiestas eran tan extremas y peligrosas, que siempre ponían a un encargado ‘ambucear’. ¿Y eso con qué se come? En el lenguaje de los hospitales, significa usar un resucitador manual (el famoso aparato Ambú) para darle respiración a los invitados cuando la droga se les pasaba y dejaban de respirar. Básicamente, jugaban a morirse y a revivirse por pura diversión.

Pero la ambición les ganó, y lo que empezó como un juego pesado entre colegas, se convirtió en un negociazo: empezaron a cobrar por ofrecer estos viajes controlados a clientes externos que querían drogarse con supervisión ‘profesional’.

Traiciones, fentanilo robado y escabrosos abusos sexuales

Hoy, la justicia argentina ya tiene contra las cuerdas a dos de los principales sospechosos que ya fueron despedidos: un anestesista muy reconocido llamado Hernán Boveri y una doctora residente llamada Delfina ‘Fini’ Lanusse. Pero el pacto de silencio ya se rompió y la historia se puso mucho más oscura.

Resulta que el escándalo termina en la peor bajeza. Ahora mismo se están destapando terribles acusaciones de abusos sexuales dentro de esta red.

Según los chats filtrados, Hernán renunció antes de que lo despidieran y echó de cabeza a las residentes, pero ‘Fini’ no se quedó de brazos cruzados y contraatacó denunciándolo por violación.

Ella asegura que las relaciones sexuales ocurrían cuando estaban bajo los efectos del anestésico y en total estado de indefensión.

Un caso indignante donde la sangre ya manchó las batas blancas, demostrando que, a veces, a los que les confiamos nuestra vida son los que esconden los secretos más turbios.

Notas