El uso del fracking en México volvió al centro de la discusión política luego de que el diputado del PT, Adrián González Naveda, anunciara la presentación de una iniciativa para prohibir esta técnica de extracción de hidrocarburos. La propuesta busca retomar la postura impulsada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien se manifestó en contra de este método debido a sus posibles impactos ambientales.
Sin embargo, la iniciativa no llega en un escenario de consenso. Desde la mayoría legislativa, el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, expresó su respaldo a la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha planteado la posibilidad de explorar el uso del fracking bajo nuevas condiciones tecnológicas. Monreal argumentó que México debe modernizarse y evitar posturas que limiten el desarrollo energético del país.
Choque en puerta: el #PT, con Adrián González Naveda, busca prohibir el #fracking retomando la propuesta de AMLO; mientras que @RicardoMonrealA respalda a Sheinbaum en explorar esta técnica para “modernizarse”.
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) April 16, 2026
La fractura interna entre aliados de la 4T exhibe contradicciones… pic.twitter.com/l484kKaYZZ
¿Cómo funciona el fracking?
El fracking, o fractura hidráulica, es una técnica compleja que permite extraer gas y petróleo de yacimientos no convencionales, como las lutitas. El proceso comienza con la perforación de un pozo vertical que puede alcanzar hasta 3,000 metros de profundidad. Durante esta etapa, se atraviesan distintos estratos, incluidos mantos acuíferos, los cuales son sellados con cemento y acero para evitar filtraciones.
Posteriormente, la perforación se desvía en forma horizontal a lo largo de varios kilómetros dentro de la formación rocosa. Una vez posicionada la tubería, se realizan pequeñas detonaciones controladas para generar canales en la roca.
En estos canales se inyecta una mezcla a alta presión compuesta principalmente por agua, arena y aditivos químicos. Esta presión fractura la roca, liberando los hidrocarburos atrapados, que fluyen hacia la superficie. La arena cumple la función de mantener abiertas las grietas, permitiendo que el gas y el petróleo continúen saliendo.
Entre la soberanía energética y el impacto ambiental
El debate sobre el fracking no es nuevo, pero ha cobrado relevancia ante la creciente dependencia energética del país. Actualmente, cerca del 80% del gas que consume México proviene de Texas, lo que ha encendido las alertas sobre la seguridad energética nacional.
Diversos actores, incluidos industriales y legisladores de distintas fuerzas políticas, consideran que esta técnica podría reducir dicha dependencia y fortalecer la producción interna. En regiones como Coahuila, incluso se proyectan inversiones para aumentar significativamente la extracción de gas.
No obstante, las críticas persisten. Durante su administración, López Obrador rechazó el fracking por el alto consumo de agua y los posibles daños ambientales, como la contaminación de acuíferos y la degradación del suelo.
